UNAN-Managua

El espíritu de la oligarquía y la iglesia católica nicaragüense en el golpe de abril

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I. Referencias generales Científico-Sociológicas sobre la temática del problema

Todas las sociedades en su evolución hacia las estructuras de organización político-sociales, generaron conflictos que condujeron al establecimiento y mantenimiento de órdenes de sometimiento o provocaron un cambio, desmantelando lo establecido. Los fundadores del estudio de las sociedades (físicos-sociales) han sabido explicar las razones, cambios, formas y mecanismos de solución que genera la evolución del Estado en sus diferentes etapas de desarrollo. Algunos, considerando la violencia como factor de cambio social (Marx) sostienen que las sociedades generan conflictos y que el conflicto lleva a las revoluciones; otros como Ralph Dahrendorf, en época más reciente, argumentan que el conflicto tiene que llevarnos al consenso.

Podemos afirmar, que en sus primeros momentos el poder y la iglesia se conjugaron para mantener estructuras sociales en las que la ignorancia de los pueblos era su sustento, impidiendo con el sometimiento al “poder divino” los conflictos y revoluciones. Tras la pérdida de poder de los Estados Papales, y el fracaso de las democracias teocráticas, se fragua una nueva alianza en la que los notables gobiernan con el protectorado ideológico religioso: tres elementos fundamentales serán la base del Estado oligárquico: la iglesia católica, la oligarquía criolla y la ignorancia de la población en general. Esta trilogía satánica permitió durante siglos el manteniendo de una estructura social rígida, en las que se asegura a las oligarquías nacionales y a la iglesia católica, no compartir el poder con clases o religiones emergentes. Las consecuencias de esta organización social fueron, una sociedad sin desarrollo, un empobrecimiento extremo y condiciones de vida perrunas, para la gran mayoría de la población.

Los argumentos anteriores se siguen confirmando, cuando se constata que, desde los orígenes, los estudios sobre las sociedades y las desigualdades de los individuos, encontraron a la iglesia católica dentro de las estructuras de poder que sostenían al sistema, cuando ya no lo pudo hacer de forma absoluta: Montesquieu en “L’Esprit des Lois”, sostiene que religión y poca cultura eran la sustancia del vasallaje que provocó la Revolución Francesa con toda su onda de violencia. Después de toda una vida dedicada al estudio de la sociedad, veinte años calendario para la redacción del libro, el autor mencionado, nos legó en sus escritos las bases de la organización del Estado Moderno en toda su inmensidad. Pasado 271 años de su publicación, siempre seguirá vigente para estudiar los conflictos en las sociedades. Ninguna obra político-sociológica, pude alcanzar tal dominio sobre las formas de organización, tipologías, elección, y división de poderes de las sociedades como forma de organización de poder.

Los partidos del turno político (Liberales y Conservadores), institucionalizan en Nicaragua las guerras nacionales como forma de conseguir el poder, creándose una cultura de violencia en un proceso que debió de ser pacífico y generador de tradiciones democráticas importantes para las generaciones futuras Estas figuras poco democráticas, se convierten en tácticas de las facciones oligárquicas en sus luchas por el poder, teniendo absoluto cuidado, en no involucrar en la dirección de sus campañas militares a las clases populares por dos razones claras: primero, de involucrarlas, la escaramuza entre partidos se les podía convertir en revolución y segundo, porque conocían el poder de las masas en rebelión y las dimensiones de violencia que son capaces de crear, por tal razón, cuando se generó violencia popular, siempre lanzaron al pueblo contra “el orden” a destruir, sin que ellas tuviesen la dirección del teatro en que ejercían sus operaciones. El periodo del turno político no sentó bases, democráticas en Nicaragua, de tal manera que se tuvo que esperar hasta el traspaso del poder de Daniel Ortega a Violeta Chamorro, para concebir un cambio de Gobierno de forma no violenta.

Hoy la oligarquía tradicional, al igual que en los años de las luchas de los Partidos del turno político, combaten por su causa, contra una nueva clase política (Sandinista) que les ha tenido alejados del poder, y que comienza económicamente a constituirse como contra peso a su hegemonía de valores que comparten con la iglesia católica nicaragüense. Batallan contra un crecimiento económico que beneficia al pueblo, pero que también hiere a muerte sus intereses de clase. Actualmente, los príncipes de la oligarquía nicaragüense poniendo en práctica los principios de lucha política impuestos por sus antepasados, utilizan el extremo, los excesos y la falta de conciencia de clase, de quienes actúan de forma individual y por motivaciones no políticas, para destruirles como clase, “porque resultan una carga muy pesada para el estado”.

II). La Trilogía Satánica en el 2018

Se debe tener claro que los componentes de la trilogía satánica, intervinieron nuevamente en los acontecimientos de abril del 2018: el pueblo manipulado, la oligarquía tradicional y la Iglesia Católica Nicaragüense. Sin la participación de la Iglesia el intento de derribo del Gobierno Nicaragüense no hubiese tomado las proporciones que logró alcanzar, la intervención de algunos de sus líderes creó condiciones que han dejado una huella muy negativa para la Iglesia Católica Nicaragüense y para el papel de la iglesia católica Romana en el mundo, su actitud, es digna de un estudio sociopolítico y ningún investigador advertido puede considerar, que en adelante, el referente de estos religiosos, no será elemento de análisis en fenómenos sociales con esta tipología.

La posición de la oligarquía tradicional contra el Nuncio Apostólico Stanislaw Waldemar enviado para apoyar el diálogo en Nicaragua, se enmarca en la forma tradicional de defender sus intereses ignorando cualquier autoridad que se interponga a sus pretensiones. Marcan una diferencia entre el representante de la Iglesia Católica Romana, que trata de resolver situaciones que pueden llevar a un conflicto, y la Iglesia Católica Nicaragüense, en la cual algunos de sus miembros son parte del golpe contra el Gobierno.

III. El Golpe Suave y las viejas tácticas interoligárquicas (contenido ideológico)

Para poder clasificar el movimiento de abril, como una estratégica oligárquica podemos comenzar por observar que la maniobra de los tranques fue nacional, y a pesar de esta estrategia organizativa, no existen, de forma sospechosa, líderes nacionales o regionales en la coordinación de sus acciones, puesto que eran manejadas a nivel central por un grupo de dirección, en el que no se encontraban ni campesinos ni gente de los barrios que eran los componentes esenciales de los tranques

Superada la etapa de las alianzas “ideológicas”, se crearon las condiciones para llevar a escena un programa ya planificado en el tiempo y el espacio, que terminó siendo el mes de abril del 2018 con participación, capacitación y financiación de algunos sectores de la sociedad política y civil de los Estados Unidos de Norteamérica. La ordenación de todos estos componentes puso en marcha el proyecto que busca el derrocamiento de un gobierno Constitucional recién electo y con niveles de Buen Gobierno, que los situaban en tercer lugar entre los países con mayor crecimiento económico de América Latina.

Este sector de la población falto de líderes, fue fundamental para el intento de acoso y derribo del Gobierno Sandinista, ejerció su función desestabilizadora con gran violencia, y una vez terminado este período, al igual que durante las luchas inter-oligárquicas, se les impidió la posibilidad de conformar un grupo de presión, con reivindicaciones y demandas del grupo social del que hacían parte, siguiendo la desconfianza tradicional de la oligarquía hacia los sectores populares, con quienes por naturaleza tienen muy mala o nula relación. La manipulación de este sector pasó de utilizarlos en los tranques con la figura de “autoconvocados”, rodeados de delincuentes y asesinos, a promocionar su liberación como “presos políticos, “sin diferencias con los que violaron, asesinaron y robaron en los tranques.

El manejo de las clases populares por la oligarquía nacional se verifica con el más simple enfoque analítico; si los autores materiales no tienen una identidad social definida y es variopinta dentro de la estructura de clase en Nicaragua, ¿cómo pudieron actuar al unísono?, ¿cómo lograron mantener por varios meses una estructura a nivel nacional sin una dirección nacional?, se rompe en mil pedazos la teoría del sistema si queremos aplicar esta regla, no existía un auto-mantenimiento de los componentes de golpe, fueron sostenidos por una estructura superior, ella misma soportada por capital extranjero.

La falta de base ideológica en la organización de los tranques, se refleja en la inexistencia de una conexión entre la estructura del montaje con alguna clase social, o con algún movimiento reivindicativo de carácter popular, esto queda de manifiesto porque al momento de terminar los espacios de violencia, cesan con ella los movimientos reivindicativos. Finalizada la maniobra, descubrimos la falta de un discurso político que permita sostener un entramado de identificación grupal como expresión de clase. Las reivindicaciones formuladas durante el Golpe, no hacen parte de un credo ideológico con principios en base a las necesidades afines a un sector de la población, la mayoría de las demandas contra el Gobierno Sandinistas son críticas a las políticas de Gobierno, no existe un discurso en favor de reivindicaciones sociales o económicas en provecho de otro sector que no sea el de los grandes inversores y la iniciativa privada.

IV). El “Dijo”, “Dijeron”, “Hizo” “Hicieron” como base de una ideológica.

Todo movimiento de masas, de protesta o apoyó implica un factor psicológico manifiesto de forma cierta sobre las multitudes, generalmente a través de las ideologías, el marxismo gracias al desarrollo de los partidos comunistas europeos y los socialistas con aparatos políticos del mismo nombre, lograron formar grandes máquinas políticas con millones de miembros (obreros) en Alemania, Francia e Inglaterra, en tiempos en que los dos primeros, siguieron el principio de la lucha de clases y del Manifiesto Comunista de Marx y Engels.

Hay que destacar que la izquierda europea en su desarrollo ideológico generó intelectuales nacionales, en Francia como buen ejemplo, representada por grandes personalidades como Jules Guesde, y Jean Jaures, quienes a través de luchas ideológicas y partidos de masa supieron conquistar un electorado muy importante en la clase trabajadora de sus países.

Las luchas ideológicas, como factor de funcionamiento del sistema político en su vertiente reivindicativa, generó corrientes que se localizaron al centro entre izquierda y derecha, creándose lo que se denominó el Centro Democrático en países como Francia y España, donde tuvieron mucha influencia, con líderes muy conocidos, que no lideraban a nadie, pero conseguían buenos resultados electorales.

La teoría del Centro es derribada, por uno de los más destacados politólogos del Siglo XX, y probablemente el más importante precursor del estudio sociológico de los partidos político, Maurice Duverger, sosteniendo que el Centro no existe ideológicamente, porque es una amalgama de las teorías políticas de la izquierda y la derecha, por tanto, se trata de una corriente sin sentido ideológico, usurpadora de dos principios fundamentales de la historia política.

Las reflexiones anteriores nos permiten comprobar, sin mucha meditación sobre el sujeto, que las luchas ideológicas en Nicaragua no han generado una teoría de Centro, si buscamos la razones descubrimos que la fórmula de combinaciones ideológicas no produce un centro político, debido a la falta de uno de los elementos: Las ideologías de derecha no existen como forma de concebir a la sociedad nicaragüense, debido a la sumisión directa a los Estados Unidos, país del que copian la estructura de poder interna de sus partidos y donde estas instituciones carecen de proyección social y política.

La única institución capaz de llamar a la izquierda política en Nicaragua a un diálogo, para conciliar posiciones con autoridad, con cierta capacidad de “apaciguadores de incertidumbre”, es la iglesia católica nicaragüense, razón por la cual la derecha nicaragüense a falta de una legitimidad ideológica ante la población, trata de, a través de los hábitos religiosos, alcanzar la conciencia de una parte de la población y con ello defender posiciones políticas y económicas, contrarias a la mayorías, esto último lo comprendió el Vaticano con muchos siglos de retardo enviando a su mediador como representante de la iglesia católica Romana en la búsqueda de acuerdos 2019.

Faltos de un componente ideológico para su soporte como oposición, el sustento político para sus supuestos seguidores, se consigue fuera del sistema de pensamiento y lo toman de la aptitud y la actividad rompiendo toda la teoría sobre el principio de las ideologías. La aproximación hacia “sus bases” se realiza conforme a lo que se dijo o dijeron, se hizo o hicieron, generalmente este insumo tiene mayor efecto cuando viene de los Estados Unidos o de Instituciones Internacionales, socavadas por la derecha, la Unión Europea, por ejemplo. Las dos líneas de ataques al ejecutivo Sandinista se centran entonces, en lo que hace el Gobierno, o lo que hacen los extranjeros contra el Gobierno, pero en ningún momento la oligarquía nicaragüense traza contenidos ideológicos capaces de socavarlo, debido a la inexistencia de un asidero lógico para montar un marco conceptual, capaz de contradecir las políticas públicas establecidas actualmente en Nicaragua. La acción de la oposición nicaragüense, marca un hito único en la historia política, destruir en tres meses la estructura económica de un país en plena expansión, para poder acusarlo de mal Gobierno.

Samuel Danilo Madrigal Fornos

Dr. En ciencias Políticas y Diplomacia por la Universidad de Paris X Nanterre, 1988. Dr. En Ciencias Políticas y Sociología Universidad Complutense de Madrid, 1995. Ex Alumno de Maurice Duverger.
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