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Prácticas estudiantiles que fortalecen las competencias profesionales de nuestros futuros antropólogos

Prácticas estudiantiles que fortalecen las competencias profesionales de nuestros futuros antropólogos

La Antropología Social es una disciplina universitaria que se brinda únicamente en la UNAN-Managua por su pertinencia y aporte brindado al desarrollo social y comunitario. Inició como el curso de Métodos Antropológicos y evolucionó a licenciatura en 1995, graduando a la primera generación de protagonistas en el año 2000. En la actualidad, la Universidad sigue comprometida con la formación de profesionales en esta disciplina y con la calidad enfocada en el campo académico, investigativo y de proyección social.

Los estudiantes se forman integralmente mediante un plan de estudio que complementa la teoría con la práctica y el trabajo de campo que los prepara para el ámbito laboral. Este quehacer se ha fortalecido mediante la articulación interinstitucional que propicia espacios de crecimiento y desarrollo para la juventud nicaragüense.

Estudiantes de esta carrera expresan que, como antropólogos, tienen la responsabilidad de crear espacios que promuevan el estudio del comportamiento de las poblaciones en sus estados antiguos y modernos, su forma de vida, tradiciones y costumbres. A la vez, asumen el compromiso de investigar e interpretar los diferentes desafíos, de manera que les permitan plantearse acciones para aportar al desarrollo y mejoramiento de la calidad de vida.

En este semestre, los futuros antropólogos realizan prácticas en la Revista Raíces de la UNAN-Managua, en el Centro de Investigaciones y Estudios de la Salud (CIES) y en el Ministerio de la Familia. En estos espacios han facilitado talleres de sensibilización acerca de diversos temas relacionados a salud emocional, derechos humanos, autocuidado y protección, entre otros.

Las prácticas contribuyen a superar retos

«Nosotros tenemos que conectar y tener empatía con los demás; transmitir seguridad y establecer una conexión basada en el respeto», afirma Ricardo Chavarría Pérez, quien ha contado con una valiosa y enriquecedora experiencia en el MIFAM y con la Red Nacional de Ciudades Creativas de Nicaragua. Su mayor reto, desarrollar habilidades de expresión oral, se convirtió en fortaleza al trabajar directamente con poblaciones rurales donde se ha destacado como facilitador del taller Masculinidad Positiva.

Chavarría enfatiza que las prácticas estudiantiles brindan a los antropólogos la oportunidad de investigar, analizar y documentar ciertas vivencias. Con base en su experiencia personal, califica de gratificante formar parte de Ciudades Creativas, porque conoció más de los distritos de Managua, de su evolución con el paso del tiempo y aportó al rescate de la historia, narrada por los mismos protagonistas. «Nuestro rol es documentar y mantener viva la memoria colectiva».

El aprendizaje es mutuo y continuo

«Es importante entender las diversas perspectivas que se encuentran a nuestro alrededor y las interpretaciones que se hagan desde el ámbito personal o familiar», refiere Nathaly Nicole Ocampo Cruz, quien trabaja con niños, adolescentes y adultos mayores a través de los programas impulsados por el CIES y MIFAM.

En el CIES Dr. Benjamín Barreto Baca ha colaborado como facilitadora de talleres sobre cuido personal, bucal y emocional, dirigido a niños de cuatro a seis años, asimismo, contribuyó en la elaboración de un manual que contempla la atención médica e incorpora la cosmovisión de los pueblos, sus creencias, religiosas y elementos propios de cada territorio. En MIFAM forma parte del Programa AMOR, orientado a la atención de personas en riesgo para contribuir a la salud física y emocional. 

Las comunidades son una fuente inagotable de conocimiento

Esther Saraí Martínez Jaenz reconoce el compromiso institucional y el rol de los docentes para garantizar que los profesionales graduados de esta casa de estudios estén preparados para servir, contribuir y generar cambios, respetando la identidad de los territorios. «Hemos recibido nuestra formación dentro y fuera de la Universidad. Cada que salíamos a campo eran experiencias nuevas que nos arman de valor y de herramientas prácticas».

Martínez, quien se ha integrado a la Red Nacional de Ciudades Creativas de Nicaragua y al Programa Escuela de Valores del MIFAM, destaca la importancia de compartir con las comunidades, convivir con la gente, observar, vivir y entender su realidad. Reafirma que el aprendizaje no tiene límite. Siendo facilitadora, ha promovido la práctica de valores y ha comprendido que las realidades de cada persona, familia o comunidad son la mayor fuente de sabiduría para todo profesional en formación; esto articulado con la investigación científica es fundamental para el desarrollo en todos los niveles.

Perspectivas profesionales

El egresado de esta licenciatura que se imparte en modalidad presencial y virtual cuenta con las capacidades para investigar las realidades socioculturales, formular proyectos, acompañar iniciativas comunitarias y de políticas públicas, ya que es una disciplina que estudia al ser humano y todo aquello que lo relaciona a su entorno: su actuar, su cultura, su mundo cotidiano y su realidad.

En este sentido, Ricardo Chavarría se proyecta como un antropólogo medioambiental con un enfoque muy particular en la agricultura, puesto que valora la pertinencia e importancia de este sector para el desarrollo y la dinamización de la economía local y nacional. «Me interesa la investigación en las zonas rurales, comprender la forma en que valoran la tierra y con base a estos conocimientos plantear nuevos proyectos».

Nataly Ocampo aspira a la Antropología Social, específicamente al trabajo con niños y adolescentes, debido a que ve un potencial de cambio de patrones o a través del trabajo de sensibilización sobre temas que repercuten para una vida mejor. «Nosotros tenemos el conocimiento, se lo transferimos a ellos y ellos lo transmiten a otras personas y así sucesivamente. Paso a paso, vamos creando un mejor lugar donde todos podemos convivir en armonía».

Las políticas públicas son la meta de Esther Martínez. Previo a concluir su formación, se plantea seguir siendo el puente entre la comunidad y las políticas públicas para continuar descubriendo, conociendo y ver más allá de lo que se tiene. Su compromiso como antropóloga es ser una agente de cambio al disponer los conocimientos adquiridos al servicio del pueblo.