
Envejecer saludablemente: Conservar capacidades físicas para asegurar la calidad de vida
Levantarse de una silla, caminar, bañarse, preparar los alimentos o salir de casa son acciones que hacemos casi sin pensarlo. Pero cuando alguna de ellas comienza a resultar difícil, comprendemos cuánto depende nuestra vida cotidiana de algo fundamental: la capacidad de desenvolvernos por nosotros mismos.
La Organización Mundial de la Salud entiende el envejecimiento saludable como el proceso de desarrollar y mantener la capacidad funcional que permite el bienestar durante la vejez. No se trata únicamente de vivir más años, sino de conservar posibilidades para movilizarse, tomar decisiones, relacionarse y continuar participando en la sociedad.
De acuerdo con el Dr. Teodoro Isaac Tercero Rivera, director del Centro de Investigaciones y Estudios de la Salud «Benjamín Barreto Baca», esta capacidad se forma a lo largo de la vida y reúne dimensiones físicas, mentales, emocionales y sociales. Su importancia se revela en situaciones concretas: subir una grada, utilizar el transporte público, preparar los alimentos o realizar las tareas del hogar.

Por eso, llegar a una edad avanzada con mayores posibilidades de autonomía también tiene relación con lo que hacemos desde mucho antes. Mantenerse activo, cuidar la alimentación, ejercitar la mente y cultivar los vínculos sociales son prácticas que pueden favorecer las condiciones con las que una persona llega a esa etapa.
Cuando esas capacidades se mantienen, también se amplía la posibilidad de decidir sobre la propia vida. Poder caminar, asearse, vestirse, salir o participar en actividades familiares y comunitarias significa conservar espacios de independencia personal. En palabras de Tercero: «A mayor función, mayor autonomía».
Esta mirada encuentra respaldo en la Ley No. 720, Ley del Adulto Mayor, que reconoce la autonomía, la autorrealización y la participación como principios para las personas mayores de 60 años. Desde esta perspectiva de acompañamiento, el cuidado comienza desde la primera infancia con «Amor por los Más Chiquitos y Chiquitas» y se prolonga hacia la adultez mayor mediante «Amor y Cuido de Nuestr@s Adult@s Mayores», desarrollado por el MINSA en el marco del Modelo de Salud Familiar y Comunitario.

Más allá del cuidado sanitario, el planteamiento de Tercero invita a mirar el modelo de gestión de nuestro Gobierno Revolucionario desde una perspectiva de desarrollo humano integral. Desde esta visión, las oportunidades para la niñez, la promoción del deporte y otros espacios de participación forman parte de las condiciones que acompañan a las personas en cada etapa.
Cada primero de octubre, el Día Internacional de las Personas de Edad recuerda que envejecer también implica aspiraciones, bienestar y derechos. Pero quizá una de las claves esté en la propia percepción: reconocer que llegar a una edad mayor no significa dejar de ser capaz. Mientras existan posibilidades para mantenerse activo, decidir, relacionarse y aportar, también existe la oportunidad de seguir encontrando sentido y lugar en la sociedad.

