
La salud en la obra dariana: cuerpo, alma y mente como símbolos representativos
En estos meses que celebramos a Rubén Darío, símbolo de identidad nacional y figura central del modernismo literario, resulta pertinente promover lecturas críticas para adentrarnos en las temáticas abordadas en su obra.
El universo dariano, caracterizado por el uso magistral de símbolos, imágenes y recursos retóricos que brindaron riqueza estilística, a la vez que facilitaron la expresividad y el abordaje de temáticas sociales y existenciales, vinculadas a la salud, la enfermedad, el sufrimiento y el bienestar.
Tanto en su poesía como en su prosa, Rubén Darío introduce referencias descriptivas y simbólicas del deterioro físico; el dolor corporal y emocional; el bienestar, la vitalidad y la juventud. El Rey Burgués, El Fardo y El velo de la reina Mab muestran esta relación entre desigualdad social y deterioro de la salud.

Entre los símbolos recurrentes de la buena salud aparece la juventud, asociada a la vitalidad, la armonía y la belleza; el mundo de los gnomos de El Rubí se muestra alegre, todo era vigor y juventud; en Palimpsesto, la blancura de Diana, sus amplias caderas y su pie fino y breve evocan la plenitud corporal asociada a la mocedad.
En Abrojos nos presenta una imagen más explícita de la juventud femenina, con aquella frente de virgen, aquella cándida tez, aquellos rizos oscuros, aquellos labios de miel, aquellos ojos purísimos que veían con timidez, aquel seno que tenía de la niña y la mujer, y aquella risa inocente. La salud mental y emocional ocupa también un lugar central en la obra dariana. Poemas como Sonatina, Caso y Abrojos exploran estados de tristeza y angustia.
La etapa de madurez de Rubén Darío ofrece una de las aproximaciones más lúcidas y actuales a la problemática de la salud. En El oro de Mallorca, Benjamín Itaspes encarna a un sujeto fatigado, melancólico y con una salud en decadencia. Darío identifica con lucidez las causas: la falta de ejercicio, los excesos, la vida desordenada, la tensión nerviosa y la presión de la ciudad moderna.

Desde su adolescencia había sido el enemigo de su cuerpo a causa de su ansia de goces, de su imaginación exaltada, de su sensualidad, su innato deseo de gozar del instante. Sin embargo, su salud mejoró con la supresión de preocupaciones, las tensiones nerviosas, la ausencia de los ruidos, la buena alimentación, el sueño ordenado. Esta concepción integral de la salud se asemeja a los enfoques actuales de la salud pública y el bienestar.
Darío se revela como un observador agudo de los factores determinantes de la salud, consciente de que el cuerpo y el alma están atravesados por el contexto social, económico y cultural. Además, estos ejemplos nos muestran a un Darío conocedor de aquellos factores determinantes de la salud y un observador crítico de la condición humana.


