
La prevención comienza en casa y se fortalece en comunidad
El zancudo que provoca el dengue puede encontrar una oportunidad en algo que parece insignificante: un recipiente olvidado, una llanta, una botella o cualquier objeto capaz de acumular agua. Lo que parece un descuido cotidiano puede convertirse en un riesgo para una familia y, por consiguiente, para toda una comunidad.
Por eso, hablar de higiene es hablar también de prevención. No se trata únicamente de lavarse las manos o mantener limpia una vivienda; implica cuidar el agua, eliminar aquello que pueda convertirse en criadero y prestar atención a las condiciones que rodean nuestros hogares.
Para el Dr. Francisco Marín, docente-investigador del Centro de Investigaciones y Estudios de la Salud Dr. Benjamín Barreto Baca, prevenir el dengue requiere ampliar esa mirada: la higiene sanitaria dentro del hogar se complementa con la higiene ambiental, el saneamiento básico y el cuidado de los espacios que rodean a las familias. Cada depósito, residuo u objeto que pueda acumular agua representa una oportunidad que debe eliminarse.

Pero una vivienda protegida no basta si alrededor persisten condiciones de riesgo. La higiene también es comunitaria: cuando las familias comparten información, identifican riesgos y actúan junto a sus vecinos, la prevención deja de ser una tarea individual y se convierte en una barrera colectiva frente al dengue.
De ahí la importancia de la lucha antiepidémica en el territorio. Las visitas casa a casa permiten observar condiciones que pueden favorecer la reproducción del mosquito, identificar personas con fiebre, brindar orientación y fortalecer la vigilancia comunitaria. Esta visión se articula con el Modelo de Salud Familiar y Comunitario (MOSAFC), que coloca a las familias y comunidades como protagonistas de las acciones de salud.
Pero para intervenir también es necesario comprender qué está ocurriendo. La investigación epidemiológica permite identificar los factores que favorecen la enfermedad y priorizar dónde actuar. Como explica Marín, no se trata solamente de conocer dónde está el problema, sino de encontrar sus causas para orientar respuestas más efectivas.

Esa capacidad se fortalece desde el CIES mediante la formación y la investigación. La Maestría en Epidemiología y los diplomados en Entomología Médica y Control de Vectores y Análisis de Datos Epidemiológicos para la Toma de Decisión desarrollan capacidades para estudiar los riesgos, interpretar la información y orientar acciones. En el Proyecto Mi Barrio Saludable, ese conocimiento vuelve al territorio mediante la socialización de resultados con líderes comunitarios y la realización de
jornadas y talleres para la prevención del dengue.
Así, la higiene deja de ser una acción aislada y se convierte en una forma cotidiana de proteger la vida: cuidar la casa, mirar el entorno, actuar junto a la comunidad y respaldar las decisiones con conocimiento. Esta articulación entre población, salud e investigación se vincula con la Política y Agenda Nacional de Investigación e Innovación y deja una tarea clara: frente al dengue, esperar a que aparezca la enfermedad es llegar tarde; el momento de actuar es ahora, desde el lugar donde cada uno vive.

