
Bosques neotropicales: espacios de vida que contrarrestan los efectos del cambio climático
El CUR-Estelí, a través del Recinto Estación Experimental El Limón, en conjunto con investigadores del Centro de Investigaciones Ecológicas y Aplicaciones Forestales (CREAF) de la Universidad Autónoma de Barcelona, han realizado diversas investigaciones orientadas a comprender la dinámica y el funcionamiento de los bosques neotropicales.
Los bosques neotropicales destacan a nivel mundial por su amplia extensión geográfica, su extraordinaria riqueza biológica, su complejidad ecológica, además de los múltiples servicios ecosistémicos que brindan a la sociedad. Bajo esta categoría general, en el norte de Nicaragua coexisten diversas tipologías: bosque seco tropical, bosque de pino-roble, bosque nuboso, bosque ribereño y bosque de transición. Cada uno posee una composición florística particular, microclimas específicos y distinta capacidad de almacenamiento de carbono, lo que configura un mosaico ecológico de alto valor estratégico.

Dentro de estos remanentes de bosques secos, los corredores ribereños concentran una proporción significativa del conjunto total de especies arbóreas locales, funcionando como ejes de conectividad biológica. En consecuencia, la protección y restauración de la vegetación ribereña, se vuelve crucial para fortalecer la conectividad estructural y funcional con las áreas protegidas circundantes, especialmente en estos ecosistemas altamente humanizados.
En otra investigación realizada en el paisaje terrestre protegido Miraflor-Moropotente, se encontró que los bosques neotropicales no solo resguardan una amplia diversidad de especies (239 ssp.), sino que también, actúan como importantes sumideros de carbono, tanto en biomasa aérea como en suelo. En el área protegida el carbono almacenado en biomasa aérea alcanzó en promedio 147,8 t ha⁻¹, mientras que el carbono orgánico del suelo llegó a 46,3 t ha⁻¹.

Dentro de esta área protegida, los bosques ribereños y nubosos ocupan menos del 21 % del paisaje, pero concentran la mayor diversidad forestal, el mayor número de especies únicas y la mayor contribución al almacenamiento de carbono. De hecho, estos ecosistemas pueden almacenar hasta cuatro veces más carbono en biomasa que los bosques secos. Por tanto, la conservación de estos bosques resulta estratégica para mitigar el cambio climático y frenar la pérdida de biodiversidad.
Los estudios realizados por docentes investigadores de UNAN-Managua/CUR-Estelí, responden a la Estrategia Nacional de Educación en todas sus modalidades 2024-2026, Eje 7, Cambio Climático, lineamiento 27, que orienta la promoción de la investigación e innovación para la generación de propuestas de mitigación y adaptación a la crisis climática.

