UNAN-Managua

img-2508202601
previous arrow
next arrow

Farid López: «Las matemáticas y el ajedrez han despertado en mí la vocación docente»

Farid López el joven que comprobó su pasión por las matemáticas moviendo alfiles y peones y ganando con jaque mate

El aprendizaje del ajedrez tiene una relación directa con mi facilidad para las matemáticas».

A los cinco años, mientras la mayoría de los niños de Juigalpa perseguían un balón en la calle o jugando en casa con carritos, Farid Jhoseth López Martínez aprendía a mover las piezas de ajedrez. Su padre, maestro de profesión, había tomado un curso de ajedrez y, al llegar a casa, decidió compartir lo aprendido con su hijo y con otro niño del barrio.

Las partidas se extendían desde las diez de la mañana a las ocho de la noche. «Como tenía solo cinco años, no hacía mucha tarea de la escuela ni de la casa», recuerda hoy, con la naturalidad de quien sabe que aquel juego sería el camino hacia su futuro y que lo haría enamorarse de la docencia. Hoy, con 17 años, Farid cursa el primer año de Física-Matemática en el Centro Universitario Regional de la UNAN-Managua en Chontales, tras bachillerarse en 2025 en el Instituto Nacional Josefa Toledo de Aguerre, de Juigalpa.

Su fascinación por los números ya había sido descubierta por sus maestros de primaria y secundaria y la comprobó en la Academia Sabatina Jóvenes Talentos de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), en Managua, a la que ingresó tras aprobar una convocatoria de clasificación. Cada sábado, durante años, viajaba a recibir clases avanzadas que le adelantaron contenidos de secundaria y, más tarde, de la universidad.

«Yo siempre había tenido ese amor por las matemáticas», dice, aunque matiza algo revelador: en la primaria no me destacaba. «No era tanto. La academia me transformó.» De esa confianza, dice Farid, nació algo nuevo: el gusto por enseñar. Es el sueño de su vida, graduarse para ser docente de matemática.     

En paralelo a las matemáticas, el ajedrez seguía su propio curso, torneo tras torneo, con más tropiezos que victorias al principio. Su primera competencia fue en un Torneo Regional en ciudad El Rama, Región Autónoma de la Costa Caribe Sur (RACCS), donde el resultado no fue el esperado.      

Después llegaron los torneos escolares de primaria y secundaria, con altibajos que él mismo recuerda con precisión; cuarto puesto de siete, en quinto grado; top 10 en sexto grado, y después una racha de participaciones en el Instituto de Deportes en Managua, donde el sistema de desempate le jugó en contra. Cuenta que estas derrotas han sido parte del mismo aprendizaje que le dio el tablero. 

Para el joven, el aprendizaje del ajedrez tiene una relación directa con su facilidad para las matemáticas. «El ajedrez te amplía. No es solo memorizar jugadas, es tener la mentalidad; un ajedrecista que va con una mentalidad mala, igual que en las clases, puede que no dé el rendimiento satisfactorio. Siento que el ajedrez también me ha transformado en cómo debo afrontar cada desafío».     

Ya en la universidad, esa mentalidad ha rendido frutos. Este año, en los Juegos Nacionales Universitarios,  Farid ganó su primera medalla nacional. Antes de eso, en un torneo abierto en Managua vivió lo que él mismo describe como su mayor logro hasta la fecha: enfrentar, en la modalidad blitz, al maestro FIDE René Guido y al maestro internacional Carlos Dávila, ambos con trayectoria como seleccionados nacionales de Nicaragua.    

En su primer año de estudios, el futuro físico-matemático también compagina la universidad con un curso Técnico General en Computación en el Instituto Nacional Tecnológico de Juigalpa (INATEC), además se integra en las actividades deportivas y recreativas de UNAN-Managua/CUR-Chontales. 

Relata feliz que sus padres se sienten orgullosos del camino recorrido: de aquel niño de cinco años que jugaba ajedrez hasta las ocho de la noche, al joven que hoy combina ecuaciones y aperturas con la misma entrega, convencido de que ambas disciplinas, la del tablero y las ecuaciones, se explican con la misma lógica.