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Aaron Rugama, un guerrero dentro y fuera del campo

Dereck Cruz, un guerrero dentro y fuera del campo

Mis padres han sido el pilar fundamental para escalar peldaños porque me han ayudado tanto académica como futbolísticamente».

A sus dieciséis años, Edwin Aaron Rugama Cruz debutó en el equipo de Primera División de la UNAN-Managua, institución en la que actualmente cursa su primer año de Mercadotecnia, carrera coordinada por el Área de Conocimiento de Ciencias Económicas y Administrativas. «La dinamización de la economía en el mercado, el uso de las tecnologías y la innovación me motivaron a optar a esta carrera que cada vez se vuelve más imprescindible en el desarrollo social».

En el ámbito deportivo, reconoce su pasión por el fútbol desde edad muy temprana y rememora su infancia jugando en las calles de su barrio Bello Amanecer, Ciudad Sandino. En su desarrollo como deportista considera ha sido fundamental el apoyo de sus padres, quienes al ver su interés han respaldado sus decisiones. «Jugando un amistoso, los miembros de la Academia Managua FC vieron mi desempeño y me invitaron a formar parte de la U15 Juvenil Especial; acepté, hice las pruebas, di mi mejor rendimiento y me quedé durante dos torneos».

Luego de esta primera oportunidad que, de acuerdo con Rugama, le permitió formarse profesionalmente en esta disciplina, decidió optar, a la edad de 15 años, a la categoría sub-20 de la UNAN-Managua, de la cual forma parte hasta la fecha. «En esta decisión influyó en gran manera la motivación de mi primo, quien me instó a mostrar mi talento y valorar la posibilidad de ser aceptado».

Aaron refiere que en sus inicios como deportista en la Universidad se le presentaron algunos retos, no obstante, su deseo de superación y su empeño lo llevaron a mostrar un alto rendimiento. Expresa que uno de sus mayores obstáculos fue el temor y su mayor logro, vencerlo y reconocer que la confianza en Dios y en uno mismo son las mejores herramientas para cumplir las metas.

El entrenamiento intensivo en cualquier área es importante cuando se necesita fortalecer competencias, sostiene Rugama, quien manifiesta que la intensidad de los juegos aumentó y con ello, las prácticas que le propiciaron afianzar sus habilidades para debutar con la Primera División de la UNAN-Managua, en septiembre de 2023. «Fue increíble lograr este sueño a mis 16 años; mis padres han sido el pilar fundamental para escalar peldaños porque me han ayudado tanto académica como futbolísticamente, sé que ellos están orgullosos de mí».

Edwin Aaron asevera que una meta cumplida trae consigo más compromisos, los cuales está asumiendo con responsabilidad para triunfar en el deporte y en su vida académica, ambas oportunidades alcanzadas en la UNAN-Managua, evidencia de su quehacer y aporte a la juventud nicaragüense mediante una educación integral y de calidad. «Estos espacios brindados por la Universidad son importantes, solo queda en la juventud la disposición y voluntad de aprovecharlos y de poner constancia, esfuerzo y trabajo en todo lo deseado».

El futbolista universitario recalca la importancia de ser organizado, de equilibrar el tiempo entre tareas para cumplir con lo propuesto a nivel personal, académico y deportivo, además de cuidar su salud física y mental. «Lo que más deseo es tomar buenas decisiones, cuidar lo que he logrado hasta el momento, ver felices y orgullosos a mis padres y ser un estudiante destacado».

Una de las batallas más grandes que ha ganada Aaron fue vencer el cáncer, enfermedad que enfrentó aproximadamente a la edad de ocho años y de la cual no tenía noción, «no comprendía lo que pasaba, solo miraba la tristeza de mi madre, las constantes visitas al doctor y mi estadía de días y noches en el hospital». Manifiesta que el milagro se concretó seis años después cuando el alta médica significó la mayor medalla de su vida. En ese periodo, aunque su familia reforzó los cuidados también lo apoyaron para llevar su niñez de la mejor manera, sin frustrar sus aspiraciones, sobre todo, de estudiar y jugar.

«Ser sobreviviente de cáncer, significa, primeramente, la respuesta de Dios a todos los que me llevaron en oraciones sin perder la fe y la esperanza; en segundo lugar, que una batalla ganada, implica el compromiso de seguir mejorando y avanzando hacia nuevas metas con mayor motivación».