La Diplomacia en tiempos de la Globalización

Si aceptamos que el principio de la Globalización sostiene fundamentalmente la rentabilidad económica en cualquier tipo de cooperación, queda claro que la diplomacia clásica se ve afectada por esta forma de relaciones, condicionándose su ejercicio a este principio. Ello implica mayor compenetración con los países con los que se tienen una serie de afinidades y proximidad física, las que regulan al mismo tiempo, prioridades que se alejan de todo principio de carácter humanitario, filantrópico, cultural etc. Con esos argumentos como razón, la necesidad lejana, deja de tener interés y primacía, para aquellos que la pudiesen solventarla o atenuarla, traduciendo como necesidades, solo las que permite el provecho reciproco o se pueden convertirse en ello.

Al dividirse las esferas de influencia geográficamente, la intervención de “países fuertes” que no son del área de influencia mutuas, restringe el campo de la cooperación y, la dependencia con las potencias vecinas se hacen exclusivas; por consiguiente las relaciones de los países pobres son cada vez más dependientes, y las decisiones políticas de estos más vulnerables. Las nuevas esferas de influencia, ponen en vigencia de forma clara una desvalorización de las principales teorías de las relaciones internacionales, al punto que las tesis de dominación y confrontación hemisférica, con la Globalización se desvirtúan para dejar de ser impositivas e excluyentes.

La doctrina del Destino Manifiesto y de la Santa Alianza se acomodan a un nuevo un comportamiento internacional, porque Europa (Rusia incluida) ahora más unida institucionalmente, no tiene intereses que disputar en América y comparte con Estados Unidos intereses similares en el mundo globalizado, por tanto, dentro de la “existencia pacífica”, son permitidas las interacciones económicas y políticas a través del modelo económico trasnacional y universal. Con el fin de mantener el modelo económico, la diplomacia en tiempos de la Globalización ha “removido” los conceptos fundamentales que condicionaron las relaciones internacionales desde mediados del siglo antepasado, es decir la exportación del modelo democrático.

En declaraciones de Hillary Clinton en una entrevista a la televisión egipcia, se demuele este principio, cuando con la intención de apoyar al gobierno de Mubarak, declara: «La condicionalidad de la ayuda a las reformas democráticas no es nuestra política»; este enunciado se traduce en la práctica cuando el presupuesto del Presidente Obama del año 2010, reduce de 60%, la “ayuda promovedora de la democracia o el buen gobierno” en Egipto, país gobernado por una dictadura en ese momento. Los mismos argumentos pueden sostenerse con otra acción internacional sobre el mismo tema, el 30 de enero de 2011, el Primer Ministro judío, Benjamín Netanyahu, orientó a doce de sus Embajadores intervenir con los Gobiernos amigos, para que en esas capitales no se formularan críticas al régimen dictatorial de Mubarak, en el fondo de la cuestión, priman los intereses de los Estados sobre los individuos, que se relegan a segundo plano.

Estamos viviendo en el 2018, una interacción de los Estados y las Organizaciones Internacionales, dentro de esta dinámica, los “Estados Desarrollados” intentan conseguir un máximo de afinidades entre ambas entidades, formalizando y gestionando ante la ONU la protección diplomática para las organizaciones internacionales y equiparándola a la de los individuos. Las razones son cada vez más evidentes, los países grandes actúan de más, en más a través de ellas para defender sus intereses, lejos estamos de la supremacía del individuo como sujeto del Derecho Internacional invocada por los tratadistas franceses. (Georges Scelle, por ejemplo).

Las prioridades internacionales se han centrado en lo económico, puesto que se ha impuesto el modelo de sociedad occidental, ya no existe un debate sobre el modelo de sociedad, ahora se trata de saber quién es más fuerte dentro del mismo modelo de sociedad.

Samuel Madrigal Fornos.
Dr.En Diplomacia y Ciencia Políticas por la Universidad de Paris X Nanterre, 1988.
Dr. En Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid, 1995
Profesor Investigador de la UNAN-Managua.

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