Cambiemos los procesos de aprendizaje con una visión liberadora y holística

El arte supremo del maestro consiste en despertar el gozo de la expresión creativa y del conocimiento” Albert Einstein

Todo facilitador del aprendizaje espera cerrar el ciclo escolar con excelentes resultados a la luz del informe final de notas del semestre, lo que menos deseamos son: bajo rendimiento académico, deserción de la asignatura y menos cuadros de exámenes especiales y extraordinarios. Muchos maestros se autoevalúan siguiendo estas estadísticas, sin embargo el principal indicador de logros es la metodología que utilizamos con nuestros estudiantes en la medida que avanza el ciclo escolar.

Me han preguntado cómo es que mis estudiantes obtienen promedios excelentes y porqué manifiestan deseos de volver a contar con mi conducción en una nueva asignatura, si muchos estudiantes terminan odiando algunas materias e incluso se preguntan si siendo una docente joven potencio en realidad la responsabilidad, la disciplina, el respeto, la tolerancia o si soy demasiado condescendiente hacia mis aprendientes.

La respuesta es sencilla y en este artículo quiero dejar claro que la respuesta se concentrará en tres palabras: motivación, libertad y holismo. Todos los seres humanos estamos entrelazados y unidos como un eslabón, somos pequeños holones unidos unos con otros, así que todo lo que hagamos o no hagamos tiene una repercusión en la vida de los seres que nos rodean. Somos un imán de buenas y malas vibraciones, en la constelación maravillosa de la experiencia de nuestra vida, que no es nuestra totalmente, sino en parte del “otro” como diría Sigmund Freud.

La mayoría de instituciones educativas, desde que estamos en niveles iniciales nos han heredado la frase compuesta de “educar con rigor y disciplina” siendo una ley obligatoria a veces para nosotros y un fin para todo nuestro plan anual, sin embargo, no es esa la cuestión que generará cambios, porque el rigor se deriva del autoritarismo y todos sabemos que la ley dominante sobre el ser oprimido jamás generará confianza, seguridad, ni menos ser aceptados con amor.

Cabe señalar que en otros artículos abordaré la importancia de educar con amor, pero hoy me centraré en hablarles de lo importante y trascendente que es motivar hacia la libertad de los pensamientos de nuestros aprendientes universitarios y cómo se simplifica el antiguo concepto de educación rigurosa por una educación holística y liberadora.

A veces tendemos a olvidar que una vez estuvimos sentados en el lugar de nuestros alumnos, un principio es que nunca lo olvidemos. Una de las mayores problemáticas a nivel global es la falta de seguridad que tienen los estudiantes sobre ellos mismos y como ellos sienten temor a equivocarse porque temen una calificación deficiente, temen a la burla, al sarcasmo del docente y en ocasiones de sus mismos compañeros de clase.

Desde que estamos en la escuela primaria estamos en constante observación de comportamientos derivados o no de la familia, la academia o la sociedad, pero en realidad todos somos parte de la formación de cada ser humano. Siempre se teme a los alumnos que algunos profesores denominan como “estudiantes problemas”, yo les llamaría “alumnos potenciales”, porque no siempre el talento humano se mide bajo los números del 1 al 100.

Existen particularidades y talentos que afloran en el momento de descubrir a este tipo de estudiantes. Aquellos alumnos que conversan mucho en clases tienen el don de comunicar, y por lo tanto, podrían ser excelentes exponentes de ideas si sabemos escucharlos, mientras que aquellos con alta timidez, son capaces de tener gran creatividad al momento de hacer verdaderas obras maestras.

Cada alumno es un universo por descubrir e ignorarlos, callarlos o sacarlos de clase, nunca será la vía para ayudarles a encontrar su horizonte y su lugar a donde pertenecen como aspirantes a coronar una carrera profesional. En destalle, somos los mediadores del aprendizaje, los conductores de parte de sus motivaciones personales. Hay que celebrar el entusiasmo, el ánimo, aprovechar lo que siempre se nos presenta, porque cada semestre tenemos un grupo con sus propias características y particularidades.

Hemos cambiar el ambiente, las asignaturas, las relaciones, las actividades y todo cuanto hagamos, cambiarlo por ese nuevo espíritu y voluntad de cambio. Se trata de dar ese vuelco innovador y entusiasta que permita el empoderamiento de nuestros aprendientes dejándolos ser ellos mismos en su máxima expresión y aceptarlos tal cual son.

Según Waldo Ernesto Nava (2009), el holismo rescata herramientas para trabajar en el aula desde perspectivas como el silencio, el cuento, la meditación, la imaginación, el arte, los sueños y el diálogo, entre muchas otras. Todos estos elementos artísticos y culturales nos permiten desarrollar un tipo de educación más integral, más humanista y de mayor calidad para los aprendientes, sean niños o adultos.

Por esta razón, la educación liberadora jugará el rol más importante, educar para la justicia. Viendo que en muchos casos se percibe vacíos en cuanto al sentimiento de justicia y cumplimiento de Derechos Humanos como la igualdad de condiciones y acceso a la educación, lo que lleva a la desigualdad social que prevalece desgraciadamente en las mayorías.

Francisco Gutiérrez, pedagogo costarricense sugiere que: Educar para la militancia es lograr a personas conscientes de que las injusticia estructurales de nuestra sociedad son la causa de la extrema pobreza y la violación de los derechos humanos… La tarea educativa consistirá en capacitarlos para ellos mismos como autores de su propio progreso, desarrollen de manera creativa y original, las respuestas que les liberen de las servidumbres culturales, sociales, económicas y políticas que se oponen a su desarrollo. (2002:93).

Educar liberadoramente será fomentarles primeramente la confianza en ellos mismos, brindarles seguridad, apoyo, deseo de superación haciéndoles ver su propio talento humano, y segundo, animarles en sus sueños eliminando las barreras mentales que en su mayoría usan como parapeto a la pobreza. Debemos trabajar las motivaciones, los sentimientos, los sueños. Cada aprendiente desde niño tiene sueños que aspira alcanzar. No cortemos las alas de sus anhelos con un “No puedes”. La mente trabaja con amor y estímulos emotivos. “El proceso educativo tiene que arrancar de profundas motivaciones personales. Tiene que ser el resultado de un impulso que nace del interior y que pone en juego las potencialidades del sujeto: su perceptividad, interés, admiración, criticidad, creatividad…” Gutiérrez (2002: 271).

Dependerá de cada individuo cambiar esa realidad con su propia lucha ante la adversidad, no obstante es el facilitador el sembrador de esa semilla de entusiasmo y ahínco en cada joven aprendiente siendo la alternativa pedagógica educar para la justicia, la igualdad, el entusiasmo y la libertad de toma de decisiones: “Cualquier ambiente educativo…tiene que propiciar las condiciones que garanticen la toma de decisiones por parte del individuo, porque sólo en la libre opción puede darse la responsabilidad y el compromiso”.

Es necesario un cambio de actitud, fomentar otra clase de comunicación entre aprendientes y facilitadores creando un sistema vertical de interacción. La libertad desarrolla la personalidad y la confianza del individuo según el entorno en que se desenvuelva, de ahí que al poner en función esta iniciativa, se logre la práctica liberadora de ideas y que al final llevarán a los aprendientes a un profundo análisis de sus propios problemas sociales y cómo podrá solucionarlos en vista a su conciencia y crítica.

Aunque cada educador tenga sus propias limitaciones, debe autoorganizarse a nivel personal viendo los recursos con los que cuenta y eso le da libertad en el proceso de diálogo e interiorización de lo que pretende proyectar a sus jóvenes aprendientes.

Necesitamos una educación más individualizada que se adapte a las necesidades de cada individuo. La educación holística reconoce múltiples maneras para aprender y diferentes estilos de aprendizaje. Las personas, sean niños o adultos, aprenden de formas distintas, ya sea de manera inductiva, deductiva, o intuitiva, de memoria, por lógica, por experiencia. En fin, cada ser humano es distinto y su capacidad de inteligencia es distinta también. Krishmamurti asegura que inteligencia es la capacidad de conocernos a nosotros mismos de manera directa y creativa (Gallegos Nava, 1999: 79).

Finalmente, cuando nos tachen de medios locos, extrovertidos, diferentes y demasiado amenos, empecémonos a alegrar, pues estamos haciendo el cambio, el cambio de actitud de la vida y nuestros alumnos siempre recordarán la enseñanza con la pizca de humor y libertad que fue necesaria para saborear su paso por la escuela. Tenemos el compromiso social no sólo de dejarles la huella de amor a las clases, sino que también tenemos el compromiso de empezar amar lo que hacemos y disfrutar con ellos el paseo en la enseñanza de la vida.

Nuestra principal tarea ha de ser crear una propuesta sociopedagógica atractiva que atraiga no solo la atención de los facilitares y autoridades educativas, sino que atraiga la especial atención de los aprendientes lográndolos envolver en la magia del sentir la educación en el día a día. Hacerlos partícipes, protagonistas de lo que aprenden en el aula de clase.

Como personas debemos transformar primero nuestro interior y luego el exterior, transformar el mundo donde trabajamos, no solo las metodologías sino las dinámicas. Hacer uso de más dinámicas, como diría Hugo Assmann en su precioso libro Placer y Ternura en la Educación: “Es preciso trabajar pedagógicamente el desequilibrio de los seres humanos en relación a las oportunidades contenidas en las obras de sus propias manos” (2002: 21).

Por otro lado, también debemos ser conscientes de lo que tenemos como experiencias de aprendizaje, valorarnos cada día, que hicimos bien y que hicimos mal. Reinventar los planes de clases cada día y no seguir en la misma línea tal vez en márgenes de errores pedagógicos.
De igual forma, tener sumo cuidado con los elementos pertenecientes a nuestra sociedad del conocimiento, como sabemos, el internet es un arma de doble filo que puede ser usado para bien o mal de los aprendientes, así como de sus facilitadores. Mantener sumo control con esta esfera del conocimiento, de manera que nos lleve a un equilibrio con esta herramienta y logremos el proceso cognitivo deseado.

Es necesario una morfogénesis en la educación que permita reelaborar esas formas de convencimiento y expectativa pedagógica. Debemos enamorar a los aprendientes así como cuando seamos de todo corazón agradar al amor de nuestra vida. Con detalles, con palabras, con motivaciones, con cariño, con inventivas, con jugarretas, con ilusiones y con visión de futuro: “El ambiente pedagógico tiene que ser un lugar de fascinación e inventiva, no inhibir sino propiciar la dosis de ilusión común entusiasta requerida para el proceso de aprender”. Assmann (2002: 28).

La universidad debe disfrutarse como el aire fresco del campo, como el alba cuando sale el sol, como ese largo viaje a un sitio que no conocías y que te fascinó. Educar es enamorar cada día, una aventura que uno mismo emprende y que disfruta con placer. Crear ese clima de esperanza en la nueva sociedad es nuestro compromiso.

¡A la libertad por la Universidad!

Escrito por:
Martha E. Ortiz Ramírez
Master en Educación con Especialidad en Pedagogía del Aprendizaje,
Universidad Evangélica Martin Luther King Jr.
Docente en la Facultad de Educación e Idiomas de la UNAN-Managua
Licenciada en Filología y Comunicación
Periodista de la Oficina de Divulgación de la UNAN-Managua

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