
Análisis de plaguicidas, tarea esencial en el cuidado de la salud humana y ambiental
Los plaguicidas son compuestos químicos que previenen, controlan o erradican plagas que afectan la producción de alimentos o que transmiten enfermedades. Su uso ha sido clave para incrementar la producción agrícola y fortalecer la seguridad alimentaria. Se clasifican en insecticidas, fungicidas, herbicidas y raticidas o por su grupo químico (organoclorados, organofosforados, carbamatos y piretroides).
Desde la perspectiva ambiental, los principales problemas asociados a los plaguicidas es su acción biocida, su persistencia y la movilidad de sus residuos. Se acumulan en el suelo, se infiltran en aguas subterráneas hasta llegar a ríos y lagos alterando los ecosistemas acuáticos y reduciendo la calidad del agua.

Pueden bioacumularse en la grasa de los organismos y por biomagnificación, se transfieren progresivamente en la cadena trófica hasta alcanzar al ser humano, generando efectos inmediatos (irritación, náuseas, afecciones respiratorias) y crónicos (riesgos carcinogénicos, alteraciones reproductivas y trastornos sistémicos).
En Nicaragua, el uso intensivo comenzó en 1950, aplicándose organoclorados como el DDT, en los cultivos de algodón, y Nemagón, altamente tóxico, en cultivos de café, caña y banano. Aunque fueron prohibidos entre 1979 y 1981, continuaron utilizándose, dejando daños persistentes en suelos, agua y comunidades rurales.
Ante esta problemática, Nicaragua desarrolló un marco regulatorio. La Ley No. 274, para el registro, importación y manejo de productos tóxicos, la Ley No. 217 de Medio Ambiente y los Recursos Naturales, contiene principios de prevención y control ambiental y la NTON 03004 establece Límites Máximos Permisibles para calidad de agua potable.

La UNAN-Managua, mediante el Centro de Investigación de Recursos Acuáticos (CIRA), impulsa investigaciones sobre contaminación por plaguicidas. El centro, cuenta con metodologías y equipos como la Cromatografía de Gases (GC-MS) y Cromatografía Líquida (HPLC), herramientas que permiten determinar plaguicidas en concentraciones muy bajas.
Gracias a estas capacidades, el CIRA ha colaborado con instituciones como OIEA, MARENA, MINSA y JICA, analizando plaguicidas en agua, suelo, sedimentos, leche bovina, peces, sangre humana y hortalizas. En 2020, una investigación en vegetales reveló que el 55 % de las muestras contenían plaguicidas, y el 20 % excedía los valores máximos permisibles establecidos en el Codex Alimentarius.
Además del monitoreo, la UNAN-Managua promueve alternativas sostenibles. En 2021, un estudio demostró que, en la paja de sorgo y cáscara de coco, crecen hongos ligninolíticos, que degradaron pesticidas en un 90 %, lo que representa una opción viable para reducir la contaminación y fortalecer la vigilancia ambiental en el país.

