Reseña Histórica

UNAN Managua en los primeros años de revolución

Con la construcción del Recinto Universitario Rubén Darío (RURD) en 1968, las Facultades de Economía y de Ingeniería y la Escuela de Ciencias de la Educación se trasladaron al mismo, en aproximadamente veinte pabellones en los que se incluían las oficinas administrativas, biblioteca, laboratorios, aulas y despachos de profesores.

El RURD significó un paso importante la conformación de la identidad universitaria en Managua, su desarrollo y posterior independencia respecto a León. La población universitaria de la capital representaba los dos tercios del total de la UNAN, sin embargo la mayor distribución de infraestructura y de recursos presupuestarios estaba en León.

Por otra parte, la construcción del Recinto fue una experiencia que se vivió con mucha satisfacción e intensidad; significaba el traslado a un lugar propio y que todas las facultades estuvieran juntas. Independientemente que la sede siguiera siendo León ya se sentía la presencia física de Universidad en Managua. Se agregó a las construcciones el puente, que sería uno de los símbolos más emblemáticos del recinto, el auditorio “Fernando Gordillo”, que ya existía con ese nombre en el antiguo local de la Facultad de Ciencias Económicas, en homenaje a uno de los intelectuales más brillantes y uno de los fundadores del grupo Ventana.
La UNAN era la segunda universidad centroamericana y una de las pocas de América Latina que contaba con un Plan de Desarrollo claramente formulado, lo que le permitía estar en mejor situación para solicitar asistencia nacional e internacional para el financiamiento de sus programas. Además era la única universidad que en Centroamérica había presentado al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) todas las listas del equipo que sería adquirido con los fondos de un préstamo.
La UNAN-Managua fue una de las instituciones donde se reflejó de forma más palpable el influjo de la revolución triunfante. Por tradición, los estudiantes de la UNAN habían sido, como sector, elementos beligerantes en la lucha contra la Dictadura. Decir estudiante universitario en la Nicaragua de fines de los setenta era referirse a un enemigo frontal de la Dictadura.
En todo este proceso de expansión de la Educación Superior, y en particular del fortalecimiento de la UNAN, había una estrecha relación con las tareas de proyección social del gobierno sandinista que pretendían tener un impacto favorable entre la población. Muchos jóvenes se incorporaron a las tareas revolucionarias, entre ellas la cruzada nacional de alfabetización, considerada una forma de retribuir al pueblo todo el sacrificio desplegado en la lucha contra la dictadura somocista.
La formación cultural de los obreros y campesinos constituía una de las metas primordiales del programa revolucionario. De tal forma que, al triunfo de la Revolución Popular Sandinista, se echó a andar el Programa de las Facultades Preparatorias tanto en León como en Managua.

Según lo planificado, los estudiantes pertenecían a todas las áreas geográficas del país, hijos de obreros, campesinos y combatientes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en su mayoría, que ingresaron como becarios en la Facultad Preparatoria del núcleo correspondiente y cursarían tantos semestres como el nivel escolar alcanzado y sus condiciones les permitieran.

El marco de efervescencia revolucionaria fue un excelente conductor de las expresiones culturales universitarias, que desde el punto de vista organizativo, descansaron tanto en las actividades promovidas por la Dirección de Cultura, como de los organismos gremiales que actuaban en la Universidad. El desarrollo de la danza, música, poesía y otras expresiones literarias, así como las expresiones de artes plásticas, tuvieron en la UNAN-Managua un verdadero caldo de cultivo y se extendieron a toda la sociedad, recogiendo el legado que habían dejado los universitarios de la década de los sesenta y setenta.

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