La historia de Bismark, un ejemplo de responsabilidad compartida

En el patio de su casa, ubicada en la comunidad esteliana de El Cacique, se encuentra Bismark Lagos, un adolescente de quince años. Sus ojos color negro azabache se fijan en un desgastado teléfono celular que manipula insistente y luego acerca a su oído para escuchar una canción que tararea bajito. Sus cejas tupidas se fruncen como queriendo entender el porqué de dicho sonido y de dónde viene. Su madre lo ve de largo, mientras atiza el fuego en una pequeña hornilla, ubicada en una esquina de la cocina. Mientras sorbe un poco de café, que cosechan en su patio para el gasto familiar, ella recuerda que a la edad de dos años su hijo fue intervenido quirúrgicamente por problemas en los huesos de sus piernas, pero tuvo complicaciones de salud que desencadenaron en una lesión cerebral. Desde entonces, Bismark no fue el mismo de antes, pues su desarrollo psicomotor no se daba conforme a su edad.

Y así fueron pasando los años. Doña Melba Cruz, entre sus quehaceres domésticos se ocupaba de atender las necesidades de su hijo, en medio de sus limitaciones económicas. Cuando llegó el momento de matricularlo en la escuela, lo llevó al centro educativo de su comunidad, pero a Bismark se le dificultaba relacionarse con otros niños de la escuela regular y las docentes no estaban preparadas para brindarle la atención especial que él requería. Fue así, que su madre decidió retirarlo del centro. Cierto día, la familia recibió la visita de un grupo de educadoras de la Escuela Especial Héroes y Mártires de Ayapal, ubicada en la cuidad de Estelí. Ellas les explicaron las ventajas de la educación especial para niños en situación de discapacidad y les instaron a matricular a su hijo en dicho centro.

Luego de analizarlo en familia, doña Melba accedió a acompañar a su hijo todos los días a la escuela especial, que dista 15 kilómetros de su comunidad. Para ello, debían abordar un autobús de transporte colectivo que pasa frente a su casa, luego tomar un bus urbano que los llevara al centro educativo, recibir la clase, y al finalizar la misma, emprender el retorno a casa. Así lo hicieron durante algunos meses. Doña Melba madrugaba para realizar las labores domésticas, alistar a Bismark, llevarlo a la escuela y luego volver a su hogar, donde le esperaban los quehaceres vespertinos. El periplo se repetía cada día.

Al ver el compromiso, puntualidad y regularidad con que madre e hijo asistían a la Escuela Especial, la directora del centro educativo le sugirió a doña Melba que enviara a Bismark solo en el autobús y que luego abordara el recorrido de la Escuela Especial, donde siempre viaja una docente. Doña Melba recuerda que le preguntó al ayudante del bus si era posible enviarlo solo y este asintió. Es importante mencionar, que el propietario y ayudante del bus son personas conocidas en la comunidad, y de toda confianza para encomendar al niño con ellos, razón por la cual, tanto la familia como los transportistas accedieron a apoyarlo en beneficio de su educación y de su desarrollo psicomotor. Es así que, todos los días, con su uniforme escolar, Bismark espera ansioso el transporte colectivo que pasa por su casa a las siete de la mañana. Al llegar a Estelí, aborda el microbús escolar de la Escuela Especial, en el que viajan sus compañeros y maestra, rumbo a los senderos del aprendizaje.

En la Escuela Especial, como en todos los centros educativos públicos del país, se garantiza merienda para los estudiantes, gracias al Programa Integral de Nutrición Escolar (PINE), programa estratégico del Ministerio de Educación, en el marco de las políticas educativas nacionales, que contribuye al mejoramiento de las condiciones de educación, nutrición y cultura alimentaria de los estudiantes.

En el marco del Modelo de Responsabilidad Social Compartida que impulsa el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, se promueve la participación protagónica y complementaria de las familias, comunidades y autoridades locales, desarrollando y fortaleciendo valores y prácticas solidarias. En ese sentido, doña Melba elabora la merienda escolar, haciendo uso de los alimentos proporcionados en la Escuela Especial, y de vez en cuando ella agrega algún complemento, como ayotes cultivados en su patio, frijoles camagües, chilotes; de acuerdo a la temporada.

Así, Bismark y sus compañeros reciben los nutrientes que necesita su organismo, a través de la ingesta de alimentos, que aportan el 30% de energía diaria para su desarrollo físico y mental. Además, contribuye a la promoción de la seguridad y soberanía alimentaria y nutricional en las familias y las comunidades, así como al rescate de la cultura alimentaria nacional. Para doña Melba, el que su hijo reciba una alimentación sana y de calidad en la Escuela Especial es un gran beneficio, pues su situación económica no le permitiría costear esos gastos alimenticios fuera de casa. La merienda escolar, también permite que los estudiantes mejoren su capacidad de concentración, y, por ende, entiendan mejor los contenidos facilitados. De igual manera, fomenta el involucramiento de las familias en la alimentación saludable de sus hijos.

El desarrollo de habilidades y destrezas en Bismark ha sido notorio, al concluir su primer año yendo a la Escuela Especial. Su madre agradece la atención gratuita y personalizada que le brindan las educadoras. “Ellas se esmeran en la atención que les dan a los niños, los cuidan y les enseñan con mucho cariño”, manifestó. Consciente del aprendizaje que ha alcanzado su hijo expresa: “Ha dado un giro tremendo, ha aprendido a comportarse, le han enseñado a hacer actividades manuales y él se siente más integrado”.

Ese giro tremendo que aprecia la mamá de Bismark, obedece a la atención personalizada que recibe su hijo, de parte de personal docente altamente capacitado por el MINED para la educación especial, aunado al acompañamiento que reciben de parte de estudiantes y docentes de la FAREM-Estelí, UNAN-Managua, en particular de carreras como Pedagogía con mención en Educación Infantil y Pedagogía con mención en atención a la diversidad. “Ellos nos apoyan con la realización de sus prácticas y nos comparten metodologías. Es un proceso de aprendizaje recíproco que da excelentes resultados”, manifestó la maestra Mariela Moncada, profesora de Bismark.

Moncada recuerda que Bismark ingresó al centro con dificultades en la motora gruesa y fina, como docentes iniciaron con el aprestamiento y ahora es un estudiante muy activo, pese a sus dificultades motoras. Ha evolucionado poco a poco en el aprendizaje, “nos hemos encargado de brindarle atención especial, desde prepararle sus manitos para ejercitar la motora fina, con el objetivo de prepararlo para el autovalidismo. Así, sensibilizamos a la familia sobre la necesidad de que el niño sea independiente y que se integre en las labores del hogar, con supervisión de un adulto”.

Hoy en día, Bismark está integrado a su escuela y comunidad, hace mandados, visita a sus vecinos, le gusta mucho la jardinería y trae plantas de su casa para sembrar en la escuela. Él es un claro ejemplo de superación, haciendo suyo el refrán querer es poder. Con el acompañamiento de su familia y docentes ha demostrado que las dificultades económicas no impiden el deseo de salir adelante, más cuando hay responsabilidad compartida y apoyo desinteresado de parte de personas que brindan una mano amiga, sin esperar nada a cambio.

 

MSc. Graciela Farrach
Docente FAREM-Estelí, 21/12/2018