Legitimidad y poder

Las concepciones políticas adoptadas por los Estados reflejan un marco de relaciones referenciales, que pasando por lo ideológico inciden en los elementos que lo componen, es decir en el sistema político, social, económico y religioso, convirtiéndose en el distintivo de los Gobiernos que las ponen en marcha. Se construye de esta forma un entramado jurídico que tendrá más estabilidad y duración mientras más cerca esté de la realidad sociopolítico del país en el que funciona, es decir mientras el orden establecido sea más legítimo.

La legitimidad del poder político se elabora y se concibe según el tipo de relación que el Estado mantiene con los individuos y varía con el tipo de sujeción existente entre el poder y el hombre, sumisión o consentimiento son la base de este intercambio que define la forma de vida en una sociedad, que en los Gobiernos populares se concreta en la búsqueda de la legitimación de la obediencia por medio de la participación popular. Concepción no compartida por la mayor parte de las democracias occidentales clásicas, y que si, se aplica en ciertos países de América Latina.

La legitimidad de algunas formas de poder se encuentra en un orden de creencias compartido por la población y por la desaparición de las corrientes políticas e ideológicas antisistema, lo que implica que el poder se convierte en parte de la realidad nacional y al final la coercitividad del Estado se atenúa, limitando sus funciones -fuera de periodos especiales, electorales por ejemplo- al control del comportamiento de los individuos, legiferando en ese sentido, (Ley 779 por ejemplo). El deseo y la esperanza se conciben entonces en el contexto del orden social.

Esta dinámica de legitimación de lo político y la política está rompiendo en Nicaragua algunos esquemas conceptuales de las organizaciones políticas en los círculos de la composición partidaria, al desaparecer la diferenciación entre el militante y el simpatizante, establecidos por la sociología política para los partidos de masa. El simpatizante en el FSLN, es también militante, implicándose de lleno en las actividades del partido, debido al gran contenido ideológico de la organización, que desborda la actividad del militantismo el simpatizante situado en la parte exterior de los círculos de participación en las organizaciones de masa, se sitúa al igual que el militante y el permanente más próxima al aparato de Dirección, lo que facilita la divulgación de valores revolucionarios, socialistas, solidarios y cristianos, que impide la erosión de sus lideres

Las normas fundamentos de la sociedad nicaragüense, son compartidas en la actualidad por el obrero, el campesino y por los grupos de poder, tanto económico, comercial como religioso. La posibilidad del conflicto disminuye con la elaboración de la nueva formas de sujeción participativa, y solo puede concebirse desde el exterior, con campañas de desprestigio mal intencionadas, fomentadas por países que han intervenido negativamente en la historia política de Nicaragua.

 

Samuel Danilo Madrigal Fornos.
Dr. En Diplomacia y Ciencias Políticas por la Universidad de Paris X Nanterre, 1988
Dr. En Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid, 1995
Profesor Investigador de la UNAN-Managua.

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