Fidel, revolucionario con pensamiento ético y transformador

En medio de la actual disputa política e ideológica, vuelve a tomar el primer lugar, el enfrentamiento al imperialismo norteamericano, que insiste en imponer sus dictados en América Latina, financiando y estimulando una confrontación contra el legítimo gobierno de Nicolás Maduro. No siendo suficiente ello, hace una amenaza directa de guerra, de intervención militar contra el pueblo de Chávez.

Al mismo tiempo, amenaza al pueblo nicaragüense con un bloqueo financiero, que llaman la “Nica-ACT”.  A Cuba, no pudiendo imponer alguna nueva medida —pues han ensayado todo tipo de presiones y amenazas por 58 años—, le plantean un endurecimiento de la política establecida, un reforzamiento del bloqueo, que no sólo afecta al pueblo cubano, sino también al estadounidense y a otras poblaciones.

El gobierno de TRUMP insiste en restablecer el capitalismo en Cuba, proyecto que privilegia el individualismo y el egoísmo, anti-valores que ya fueron combatidos. Esa batalla costó la vida de los mejores hijos del pueblo cubano, al enfrentar en los años 50 la dictadura de Fulgencio Batista.

La responsabilidad de nuestro pueblo es inmensa, lo sabemos y estamos dispuestos a enfrentar ese reto, defender al costo que sea necesario el proyecto socialista cubano. Para ello se precisa preservar el legado de Fidel, para continuar su obra antiimperialista y emancipadora, apropiándonos, cada día de mejor manera, de sus ideas guías y de su práctica revolucionaria, humanista y ética.

Nuestro reto en este momento es mantener viva su doctrina, como arma de lucha para explicar las contradicciones entre el imperialismo yanqui y los procesos progresistas y de izquierda en América Latina; entre el imperialismo y la Revolución cubana, que enfrenta la complejidad de los objetivos y tareas de la construcción socialista, dentro de un contexto de crisis del capitalismo mundial, y desenmascarar a los elementos convencidos por la conjura ideológica del imperio.

Gracias a las ideas preclaras de nuestro Comandante en Jefe, a su determinación revolucionaria y a su vigor, Cuba concluyó el ciclo independentista que se inició el 10 de octubre de 1868.
Se convirtió en el semejante, el continuador y mejor discípulo de José Martí, quien es considerado por el propio Fidel “…el más genial y el más universal de los políticos cubanos.”

El origen social de Fidel, su contacto con las capas más pobres de la sociedad, su estancia en colegios católicos y las condiciones imperantes en el país, influyeron en su formación y contribuyeron sustancialmente a modelar su personalidad. Su vida, tan cargada de acontecimientos, lo arrastra a la actividad política y revolucionaria desde muy joven, con un pensamiento ético y transformador.

Creo que su dimensión ética aparece reflejada en primer plano en sus escritos y discursos, que se adhieren a la verdad histórica, a la naturaleza cultural y social del pueblo, con un lenguaje directo, adecuado y que llega a las mayorías.

Fidel es un convencido de que los conceptos de libertad real, de igualdad y fraternidad, solo pueden existir en el socialismo. Forjó en el pueblo cubano un espíritu de solidaridad e internacionalismo sin igual, lo cual ha permitido que cientos de miles de cubanos hayan combatido y trabajado en otras tierras en las condiciones más difíciles, a veces al costo de su vida, demostrando lealtad a esos principios.

El conocimiento a fondo del sistema capitalista, que engendra la explotación del hombre por el hombre, el individualismo, vicios y conductas inhumanas, da paso a su pensamiento ético y su acción revolucionaria.

Toda la vida de Fidel es acción contra las injusticias y en favor de los desposeídos. Es acción transformadora que alcanza a la sociedad cubana, y ¿por qué no? al mundo.
El comandante sandinista Tomás Borge resumía de la siguiente forma la dimensión ética del líder histórico de la Revolución Cubana:

“… Fidel, al margen de su voluntad y de su modestia, ocupará un lugar en la historia como caballero andante, cuyas armaduras no se sabe bien si salieron de la forja de la lucidez o del coraje. […] Me voy impresionado por la implacable organización de sus ideas, por su sinceridad. Convencido de haber hablado con el discípulo de Martí…”

Por ello me conmovió tanto cuando apareció en una de las aceras (andenes) de La Habana, una frase que encierra —para mí— lo esencial de las luchas y de la historia combativa de mi patria: “FIDEL, DILE A MARTÍ QUE LO LOGRAMOS, TENEMOS PATRIA, CON TODOS Y PARA EL BIEN DE TODOS”.

Por último, recuerdo al presidente nicaragüense, Daniel Ortega, cuando en la despedida física al máximo dirigente de la nación caribeña, en la Plaza de la Revolución, preguntó a un millón de cubanos presentes allí: ¿Dónde está Fidel? ¿Dónde está Fidel? Entonces, los habitantes de la mayor de Las Antillas respondieron a coro: “Yo soy Fidel”.

Pero hoy sabemos, además, que Fidel está en cada niño en Cuba, en cada cubano. Pero está también en Nicaragua, en Venezuela o en Sierra Leona, donde ahora hay más de 350 muertos por las inundaciones. Gracias Daniel, por su infinito amor y gratitud hacia nuestro Comandante en Jefe.

Sra. Belkys Lay Rodríguez

Representante de la Embajada de Cuba en Nicaragua

 

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