Concepción de vida deseable de los pueblos indígenas del Pacifico, Centro y Norte de Nicaragua

Resumen

En este trabajo se plantea que los pueblos indígenas de Nicaragua siguen practicando un modelo de convivencia comunitaria que les permite mantener una forma de vida en armonía con ellos mismos, con los demás y con la naturaleza. El aporte esencial del trabajo radica en posicionar en el ámbito académico las distintas concepciones del buen vivir (vivir bonito) de los pueblos indígenas de Nicaragua.

El objetivo del trabajo es desentrañar la concepción del buen vivir de los pueblos asentados en la zona del Pacífico, Centro y Norte de Nicaragua (Nahoa, Sutiaba, Chorotega y Matagalpa), bajo la pregunta: ¿existe el buen vivir de los pueblos indígenas que se ubican de las regiones del Pacifico y del Centro y Norte de Nicaragua, donde se reconoce la supervivencia de 22 pueblos indígenas de ascendencia Nahoa, Sutiaba, Matagalpa, y Chorotega?

Para llevar cabo el trabajo se seleccionaron cuatro comunidades, consideradas como la más representativas de los grupos étnicos estudiados, tomando en cuenta su mayor nivel relativo de aislamiento, su menor grado de aculturación y la pervivencia de sus costumbres y sus formas de vida tradicionales, al objeto de que los estudios realizados pudieran mostrar la pervivencia (o no) de un buen vivir ancestral en la vida cotidiana actual de dichos pueblos indígenas: para el pueblo Nahoa la comunidad rural de Urbaite – Las Pilas, para el pueblo Sutiaba la comunidad rural de Troilo, para el pueblo Chrotega la comunidad rural de Cuyal; y, para el pueblo Matagalpa la comunidad rural de Yucul.

Palabras claves:

Buen Vivir; Nicaragua; pueblos indígenas; identidad; equidad; sostenibilidad.

Introducción

La comunicación presentada aquí con el título “Concepción de vida deseable de los pueblos indígenas del Pacifico, Centro y Norte de Nicaragua” se realiza bajo el paraguas de un proyecto de investigación sobre la concepción de la vida deseable de los pueblos indígenas y las comunidades étnicas de Nicaragua, desarrollado por un equipo interdisciplinar e internacional, de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, Managua, Nicaragua, (UNAN – Managua), y de la Universidad de Huelva, España (UHU). Y se enmarco dentro del Proyecto de Cooperación Interuniversitaria de “Fortalecimiento Institucional de la UNAN – Managua en materia de desarrollo”, desarrollado por ambas universidades el amparo de una subvención de la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AACID), Programa de Cooperación Internacional de la Junta de Andalucía (España).

El objetivo de la investigación, ha sido rescatar y proyectar en el plano académico nacional e internacional el conocimiento que tienen los pueblos indígenas y las comunidades étnicas nicaragüenses para alcanzar y mantener una forma de vida deseable, estableciendo nexos con las aportaciones realizadas en los países andino-amazónico; por tanto, el aporte esencial del proyecto de investigación y de la presente comunicación radica en posicionar en el ámbito académico las distintas concepciones del buen vivir (vivir bonito) de las comunidades étnicas (afrodescendientes y mestizas) y los pueblos indígenas de Nicaragua. Y para el objetivo de esta comunicación, la centralidad radica en desentrañar la concepción del buen vivir de los pueblos asentados en la zona del Pacífico, Centro y Norte de Nicaragua (Nahoas, Sutiabas, Chorotegas y Matagalpas), bajo la pregunta: ¿existe el buen vivir de los pueblos indígenas que se ubican de las regiones del Pacifico y del Centro y Norte de Nicaragua, donde se reconoce la supervivencia de 22 pueblos indígenas de ascendencia Nahoa, Sutiaba, Matagalpa, y Chorotega?

Estos pueblos originarios, como se reconoce en la Constitución Política de Nicaragua, subsisten en su mayoría en territorios que fueron dominados por colonizadores, durante el periodo colonial, y por criollos, durante la conformación del Estado republicano. A pesar de la histórica subordinación de los indígenas a colonizadores y criollos, aquéllos han gestionado durante siglos un espacio físico, ahora reconocido como unidades territoriales, donde establecieron formas de la vida en armonía con su entorno natural (sostenibilidad), con los miembros de la comunidad (equidad) y uno mismo (identidad); esto es, donde establecieron su buen vivir. (Cubillo Guevara, Hidalgo Capitán, García Álvarez. 2016) En esta comunicación se sintetiza el pensamiento de los pueblos indígenas Nahoas, Sutiabas, Chorotegas y Matagalpas sobre la vida deseable como una alternativa al pensamiento occidental y antropocéntrico sobre el desarrollo, como una manera de reconocer la importancia de los saberes ancestrales y actuales de estas poblaciones.

Nicaragua es una nación multiétnica, donde existen varias formas de observar y pensar el mundo, algunas de las cuales no han sido tomadas en cuenta a la hora de planificar el desarrollo del país, tanto a lo largo de la historia, como en la actualidad. Esta realidad ha sido históricamente ignorada y se ha construido el mito de la Nicaragua mestiza y homogénea, bajo el que se presta muy poca atención a los pueblos con identidades distintas, excluyendo su cosmovisión de la agenda del desarrollo y de la visión del Estado. Los pueblos indígenas del Pacífico, Centro y Norte de Nicaragua son una realidad social, cultural e histórica, que el Estado nicaragüense no puede seguir ignorando y tratando de manera soslayada, cuando en el ordenamiento jurídico internacional los pueblos indígenas ocupan un lugar preponderante y el derecho moderno considera su reconocimiento efectivo como termómetro para medir el avance de la democracia y de los derechos humanos.
El presente trabajo plantea que los pueblos indígenas dispersos a lo largo y ancho del Pacífico y el Centro y Norte de Nicaragua siguen practicando un modelo de convivencia comunitaria que les permite mantener una vida en armonía con ellos mismos, con los demás y con la naturaleza. Sin embargo, no podemos obviar la influencia que han tenido sobre los mismos los modelos culturales impuestos durante la colonia, la constitución de la república, las dictaduras, las revoluciones e, incluso, durante los períodos democráticos más recientes.

De los once pueblos indígenas y comunidades étnicas de Nicaragua (todas incluidas en el proyecto de investigación), en esta comunicación nos centraremos en el estudio de la existencia del buen vivir en los cuatro pueblos indígenas asentados en las regiones del Pacifico y del Centro y Norte: Nahoa, Sutiaba, Chorotega y Matagalpa. El pueblo Nahoa está ubicado al extremo sur de Nicaragua, en el actual Departamento de Rivas (y el grupo estudiado se ubica en la comunidad rural de Urbaite – Las Pilas, en la Isla de Ometepe, en el Departamento de Rivas). El pueblo Sutiaba está ubicado en la parte occidental de Nicaragua, en el Departamento de León (y el grupo estudiado se ubica en la comunidad rural de Troilo, a 16 kilómetros al oeste de la ciudad de León). El pueblo Chorotega se encuentra disperso por diferentes municipios del Pacífico y del Centro y Norte de Nicaragua (y el grupo estudiado se ubica en la comunidad rural de Cuyal, dentro del territorio indígena de Mozonte, en el Departamento de Nueva Segovia). Y el pueblo Matagalpa está ubicado en la zona central de Nicaragua, en el Departamento de Matagalpa (y el grupo estudiado se ubica en la comunidad rural de Yucul, en el municipio de San Ramón, en el Departamento de Matagalpa.

Para ello el desarrollo de estos cuatros estudios (y de los siete restantes) se elaboró una metodología de investigación común con enfoque cualitativo y participativo, homogénea en su proceso de aplicación, que se resumió en cinco fases: planificación y organización de la investigación y elaboración de instrumentos de investigación; trabajo de campo, basado en observación participante, aplicación de entrevistas y grupos de discusión; análisis de los resultados y elaboración de los informes; presentación de los resultados y validación de los mismos por grupos de expertos indígenas; y redacción de los informes finales.

En esta investigación se seleccionaron aquellas comunidades consideradas como más representativas de los grupos étnicos estudiados, tomando en cuenta su mayor nivel relativo de aislamiento, su menor grado de aculturación y la pervivencia de sus costumbres y sus formas de vida tradicionales, al objeto de que los estudios realizados pudieran mostrar la pervivencia (o no) de un buen vivir ancestral en la vida cotidiana actual de dichos pueblos indígenas. Se seleccionaron los sujetos a entrevistar, entre ellos líderes y lideresas indígenas, pobladores de las comunidades, curanderos o parteras, miembros de las estructuras de poder (consejos de ancianos, juntas directivas comunitarias) y, por último, entre los intelectuales propios del pueblo que se estudió.

El concepto de Buen Vivir

La  Constitución Política de Nicaragua reconoce la existencia de los pueblos originarios, así como la multietnicidad de Nicaragua. Entre los derechos que sobresalen están los de mantener y desarrollar su identidad y su cultura, tener sus propias formas de organización social y administrar sus asuntos locales, así como mantener las formas comunales de propiedad de sus tierras y su goce, uso y disfrute, todo de conformidad con la Ley (Asamblea Nacional, 2014).

La concepción de vida deseable, buen vivir, vivir bien, o vivir bonito, es una visión del mundo propia de los pueblos originarios, a la vez es una concepción oculta que ha estado a la sombra del modelo de desarrollo impuesto desde la hegemonía de los países occidentales que veían al resto de países como subdesarrollados (Unceta, 2014). Sin embargo, a pesar de la influencia occidental sobre las culturas originarias, aún subsiste, en distintas formas, una concepción del buen vivir, muy latente en su cosmovisión y cosmogonía y en la relación entre el ser humano y la naturaleza; y estas expresiones culturales ancestrales cobran vida, sentimiento y protección en los tiempos actuales, cuando los efectos del cambio climático se sienten en todas las regiones del planeta. Dentro de las cosmovisiones indígenas sobresale la valoración que se le da a los elementos de la naturaleza, como la tierra, al agua, el bosque o el aire, que son considerados como seres con espíritus propios que dan sentido a la vida.

La expresión buen vivir es una traducción de la expresión sumak kawsay, que tienen su origen en las comunidades quechuas de Ecuador. En las comunidades aymaras de Bolivia, este mismo concepto se conoce como suma qamaña y se traduce como vivir bien. Más allá de las diferentes acepciones lingüísticas que tienen estas palabras para cada grupo étnico, ambos términos suponen una búsqueda de la convivencia y bienestar personal, comunitario e integral basado en los conocimientos ancestrales indígenas.

El buen vivir promueve un estilo de vida orientado hacia la comunidad, que se centra en la promoción de la felicidad de los pueblos, más que en el crecimiento económico, así como de la vida en armonía con la naturaleza, con los demás miembros de la comunidad y con uno mismo. Además, ofrece un modelo socioeconómico que integra al ser y al estar del individuo, esto significa tomar, como variable focal de la prosperidad de una población, en lugar del ingreso o el consumo, la felicidad de las personas y la sociedad (Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo, 2014).

El buen vivir se configura así como una alternativa a la idea del desarrollo; es un concepto de bienestar colectivo que surge, por un lado, del discurso postcolonial crítico al desarrollo y, por otro lado, de las cosmovisiones de los pueblos originarios andinos. Dicho concepto posee además una visión ética de una vida digna, siempre vinculada al contexto territorial, cuyo valor fundamental es el respeto por la vida y la naturaleza; naturaleza que no es un objeto, sino un sujeto, por lo que, no solo las personas, sino todos los seres vivos, son contemplados como miembros de la comunidad. Por tanto, el discurso alrededor del buen vivir se puede ver como una reacción contra la materialización.

El Buen Vivir Sutiaba

Para los Sutiaba la vida deseable, o el buen vivir, es la vida en armonía, tanto en el seno familiar como en la comunidad, viviendo en un ambiente sano y tranquilo en que todos se respeten como hermanos y en el que puedan satisfacer sus necesidades básicas. Y esta vida en armonía se basa en el mantenimiento de su identidad cultural como pueblo indígena y en el respeto de la propiedad indígena de la tierra.

La vida en armonía familiar, la vida en armonía con la comunidad, la vida en familia, pero complementándose unos con otros, la vida con solidaridad; es decir, en amor a los demás y en amor a todo lo que es la naturaleza (Rigoberto Mendoza, 2015). Tener acceso a bienes materiales, pero que vengan a coadyuvar para poder tener una vida tranquila, una vida sin muchos problemas, una vida donde haya una armonía. Como en el pasado, donde todos trabajaban en comunidad, donde todos se ayudaban y tenían todas aquellas condiciones fáciles para poder sobrevivir (Osmán Salinas, 2015).

El territorio representa el espacio compartido por las familias, en el que conviven, habitan y suplen sus necesidades básicas. Sus tierras son muy fértiles e históricamente han sido ambicionadas por los terratenientes de León para el establecimiento de la agricultura extensiva, desforestando grandes extensiones de tierra para el cultivo del algodón, la caña de azúcar, el maní… Aunque el territorio sigue administrado por el Pueblo Indígena de Sutiaba, éste ha dado en arriendo parte de estas tierras a empresas agroindustriales y los efectos se sienten en las comunidades, las cuales han cambiado sus patrones de sobrevivencia, siendo ahora proveedores de mano de obra de estas empresas.

Los sutiabas, como contrapartida, han dado mucha relevancia a la recuperación de la identidad, reivindicando incluso su derecho de autodeterminación como pueblo; aunque aún pesa en la memoria histórica el hecho de haber perdido su identidad institucional como Municipio Indígena de Sutiaba en 1902. El proceso de aculturación viene muy marcado por la dependencia del trabajo asalariado en las empresas agroindustriales, que ha afectado a la identificación de los jóvenes con su etnia sutiaba. Los elementos culturales que dan identidad a los sutiabas son el título real que les garantiza sus derechos colectivos sobre el territorio, las manifestaciones culturales y sus rasgos fenotípicos, que los distinguen del resto de la población de la Ciudad de León.

En el plano social de la búsqueda de la equidad, los sutiabas practicaban hasta hace poco tiempo la economía del don, basada en el intercambio y el compartir de bienes de manera recíproca y de forma comunitaria. Al comunitario al que le había ido mal en la cosecha, y no tenía el grano para poder sembrar en el nuevo periodo, entre todos los demás reunían la cantidad que necesitaba para sembrar, con el único compromiso de que él devolviera esa cantidad, a quien le hubiese ido mal en la cosecha. Las fajinas colectivas sutiabas, como tareas adicionales en beneficio de la comunidad que realizan todos sus miembros, se están perdiendo también y sólo persisten las fajinas de limpieza y mantenimiento de los cementerios sutiabas. Tal vez, el elemento que más contribuye a la equidad social sea la existencia de tierras comunitarias, que permite la asignación del uso privativo de las mismas a los comunitarios, impidiendo de esta forma que la tierra pueda ser enajenada y pasar a manos de personas ajenas al pueblo sutiaba.

En relación a la búsqueda de la sostenibilidad, a los ancianos y a los líderes comunales sutiabas les preocupa que el amor a la naturaleza y las buenas prácticas de conservación de la naturaleza queden de lado frente a una desmedida explotación de los recursos naturales. En este caso, perviven algunos mitos y ritos que ayudan a los sutiabas a interactuar con la naturaleza; entre los ritos, tal vez, los más importantes sean los relacionados con la siembra y la cosecha; por otro lado, se encuentran algunos mitos, como la prohibición de talar árboles o castrar animales con la Luna llena o con la marea alta, bajo la amenaza de que la madera será de mala calidad o el animal se desangrará, porque al tener vida los árboles y los animales el flujo de sabia o sangre sería mayor, por efecto de la atracción de la Luna o de las aguas. Para los sutiabas la naturaleza es un elemento esencial de su buen vivir, con la que hay deben vivir en armonía y a la que hay que respetar y proteger; es un ente vivo, es la Madre Tierra de la que forman parte.

El Buen Vivir Nahoa

La vida deseable para los Nahoas comparte los principios de convivencia familiar y armonía comunitaria; es vivir en unión familiar y vecinal, gozando de tranquilidad, de paz individual y colectiva, teniendo alimentos y una casa propia donde vivir. Para los comunitarios indígenas el buen vivir estaría relacionado con la práctica familiar y comunitaria, lo que implica no solo lograr satisfacer las necesidades esenciales como seres humanos, sino y más importante, recuperar como familia y como comunidades ancestrales los valores y saberes que se han perdido, producto del acelerado proceso de aculturación. En este sentido, el buen vivir estaría relacionado con la espiritualidad y el entorno comunitario; así cada nahoa cultiva las relaciones en su círculo personal, en el que se desarrolla la paz interior, la paz con sus vecinos y la búsqueda de soluciones ante las problemáticas que alteran la tranquilidad de la comunidad.

Yo digo que el buen vivir es vivir en paz con la familia, con mis hijos, con el vecino. No tener problema con los hermanos, vivir tranquilo con ellos. También vida deseable es tener qué comer en la casa, tener la felicidad en casa (Lilliam Barrios, 2016).

El territorio para los nahoas está estrechamente relacionado con el agua y su fluidez, y no tanto con las grandes extensiones de territorio que tienen otros pueblos indígenas; sin embargo, el agua para ellos tiene una gran importancia simbólica porque representa la vida; es su territorio que los alimenta; pero también es la fuerza de sus fértiles tierras, la belleza de sus paisajes y las costas de mares y lagos. En sí, el territorio es un espacio de convivencia sociocomunitario, marcado por fuertes relaciones de convivencia y reciprocidad.

La identidad cultural de los nahoas se basa en el aislamiento que por mucho tiempo consiguieron mantener respecto de las poblaciones mestizas circundantes. No obstante, dicho aislamiento cambió con los procesos migratorios y con la apertura al turismo y las actividades que éste conlleva, incitando un complejo proceso de aculturación. Por ello, el reconocimiento de la identidad, tanto de pertenencia y como de origen, es otro aspecto importante en la vida comunal, por cuanto define el tipo de relación que se da entre los miembros de este pueblo indígena, de forma tal que los elementos fundamentales que los diferencian del resto de población están basados en el territorio comunal, en el poder comunal, en el trabajo comunal y en las formas de producción.

Para conseguir el equilibrio con la comunidad, esto es, la equidad en las relaciones con los demás, es importante que cada quien viva su individualidad como ser humano, pero que se apoyen unos a otros ante cualquier necesidad, ya sea derivada de fenómenos naturales o de pérdidas familiares. La solidaridad, el estar bien con el vecino y con lo demás, son así valores indispensables en las relaciones de equidad de los nahoas. Otro elemento importante es la colectividad; así los nahoas comparten con el resto de miembros de la comunidad sus vidas, cooperan en la producción, en los juegos y en la construcción de obras comunitarias, y los acompañan hasta la muerte; de esta forma, recuperan los valores éticos como el respeto, la honestidad, la cooperación, la solidaridad y la cultura del esfuerzo. Y, aunque se ven avances, aún falta para que la mujer pueda tener una mayor participación activa en las decisiones de la comunidad y en los cargos públicos.

Al ser territorios frágiles, las estrategias de sostenibilidad implementadas están estrechamente ligadas a la conservación de la naturaleza para el sostenimiento de la vida. Cuidar a la naturaleza es tener garantizado los alimentos y el abrigo, y está asociado directamente a la conservación de la vida. En ese sentido, se reconoce el daño que el afán de explotar excesivamente los recursos naturales genera en las relaciones comunitarias. La naturaleza es entendida como un sujeto con el cual los nahoas establecen relaciones y compromisos, de forma que entre el ser humano y la naturaleza se mantienen relaciones de complementariedad. Así, tener una vida plena no solamente se basa en aprovechar los recursos de la naturaleza para satisfacer las necesidades básicas, sino también en cuidar a la naturaleza para las futuras generaciones.

El Buen Vivir Chorotega

Para los chorotegas su concepción de vida deseable, su buen vivir, es el vivir bonito, que consiste en:
Vivir en armonía tanto con la familia como con la comunidad… (Luz Marina Rivera, 2016).Una vida tranquila, sosegada, poder compartir con la familia y mis amigos, servirle a la gente, ser útil al resto de personas… La comunidad tiene una visión colectiva de la convivencia y las relaciones sociales están basadas en la amistad y en el servicio mutuo (Wilmer Gutiérrez, 2016).

Para los chorotegas el principal factor para la consecución o el mantenimiento del buen vivir es la tierra comunitaria y su territorio. El hecho de que la tierra pertenezca a los diferentes pueblos indígenas chorotegas hace que ésta esté repartida en pequeñas parcelas, que permiten la supervivencia de las distintas familias indígenas que las arriendan y, al mismo tiempo, generan un sentimiento de unidad comunitaria y de identificación con el respectivo pueblo indígena chorotega.

Así, los chorotegas reconocen y administran su territorio sobre la base de la propiedad comunitaria; todo lo que existe en el mismo es parte del patrimonio del pueblo indígena; los bosques, aguas, ríos y animales son parte del pueblo. A la tierra se le considera como “una Madre” y es en ella donde se encuentra la vida, la alimentación, el aire y los bosques; si se cuida la tierra, se cuida la vida chorotega.

La identidad dentro del pueblo indígena chorotega está supeditada al proceso histórico y cultural que se fue gestando en oposición al “otro”, al mestizo, al Estado y a las fuerzas externas e internas nacionales; por tanto, esta transfiguración del proceso étnico chorotega da como resultado una identidad que se arraiga en elementos tradicionales, que se entremezclan con los impuestos por la modernidad.

Los elementos culturales y económicos que más resaltan dentro de la vida cotidiana son los que se encuentran relacionados con las fiestas locales, dedicadas a figuras del santoral católico (advocaciones de la virgen y santos) y a la celebración de ritos católicos, así como a prácticas agrícolas ancestrales, que son el eje de la economía de sobrevivencia y se relacionan con los ciclos lunares y las estaciones del año.

La destreza artesanal y los saberes de los comunitarios chorotegas se expresan en el trabajo en barro, en poder transformar la tierra en utensilios de uso domésticos, en trasformar las cortezas de plantas en sombreros y petates, en saber escoger de la tierra, los colores para pintar sus casas, en poder elaborar sus comidas en base al maíz como producto de su trabajo y en poder mantener semillas tradicionales. Todos estos elementos dan sustento a su identidad; a lo que habría que sumar la conservación de los títulos reales comprados hace siglos por los chorotegas a la Corona Española.

Los valores de servicio, amabilidad, cortesía y solidaridad, como característica del buen trato y equidad con el vecino, son básicos e importantes para fortalecer los lazos comunitarios y el buen vivir en los territorios; por tanto, la riqueza se mide en función de los distintos valores que fortalecen la vida armónica.

Trabajos colectivos en actividades religiosas, sociales y económicas son también importantes dentro de la cotidianidad chorotega. Colaborar para festejar santos, ritos cristianos, acompañar a deudos, celebrar cumpleaños con comida y bebida e invitar a sus vecinos, acompañar el trabajo de la siembra y ayudar a su vecino en el cuido y en la cosecha, y compartir los frutos de la siembra son acciones solidarias dentro de las comunidades chorotegas. Aunque no se excluye alos que han logrado obtener mejores condiciones de vida por su trabajo asalariado, pues se dice que están en su derecho y se les reconoce que dichas condiciones son producto de su esfuerzo individual.

La sostenibilidad del buen vivir chorotega está en el uso adecuado de la tierra y el territorio y en los recursos naturales que en ella se encuentran. Si mantiene el bosque, se mantiene el agua y se protege la tierra, habrá buena cosecha para la subsistencia; por tanto, la sostenibilidad para los chorotegas está en cuidar el bosque y la tierra.

Así pues, el vivir bonito chorotega se basa esencialmente en la satisfacción de las necesidades básicas de subsistencia, en la vida comunitaria tranquila y en la conservación de la cultura y de los recursos. Estos elementos conforman la forma ancestral de vida de los chorotegas y han marcado su imaginario colectivo durante siglos.

El Buen Vivir Matagalpa

La tranquilidad, o armonía, como requisito indispensable que garantiza el buen vivir, es fundamental para los matagalpas. Esta armonía se presenta en el plano familiar, en la comunidad y en la paz con la naturaleza (el medio, los bosques y los ríos). Todos estos niveles se encuentran conectados unos de otros para la consecución del buen vivir.

Si tuviera discordia no me sentiría bien, porque no podría vivir tranquilo (Hernández, 2016).Servir bien al vecino es vivir bien (Soza, 2016). Es tener una vida tranquila, sosegada, poder compartir con mis semejantes, en este caso, mi familia y mis amigos, servirle a la gente, ser útil al resto de personas, tanto de los círculos que me rodean como de la población en general (Mairena, 2015).

Para los matagalpas el territorio es esencial, porque en él se desarrollan las acciones de convivencia que conllevan al buen vivir. La histórica lucha por la tierra y el territorio se ha convertido en un elemento de identidad, de forma que la tierra y el territorio se vuelven uno con el pueblo indígena Matagalpa.

La tierra se convierte en uno de los principales medios que genera el trabajo, y con ello la posibilidad de que los individuos puedan obtener los recursos que necesitan para la subsistencia; y en la medida que se satisfagan estas necesidades se estará enteramente complacido.

Tierra y trabajo están fuertemente ligados en la concepción matagalpa de la vida deseable, pues a partir de éstos se suplen las necesidades básicas, como la alimentación, siendo dicha concepción completamente opuesta a la concepción occidental de la vida deseable centrada en la satisfacción de las ansiedades materiales.

De igual manera la tierra adquiere un valor patrimonial, además de ser fuente de riqueza, por lo que el mantenimiento de la tierra en manos de los matagalpas da fortaleza a la administración del territorio y ayuda a conseguir el buen vivir de los comunitarios.

La equidad y la armonía comunitaria se llegan alcanzar a partir de actitudes sencillas como la disposición de servicio a la comunidad bajo la máxima de que “servir bien al vecino es vivir bien”. El servicio a los vecinos es un principio que abona la tranquilidad, por cuanto genere lazos de amistad, solidaridad y respeto; y el establecimiento de sanas relaciones genera amistad, confianza y apoyo entre los pobladores, que se demuestran en actos continuos de colaboración.

La comunidad piensa únicamente en el trabajo como el medio que les permite obtener todos los recursos para sobrevivir, sin intenciones de generar riquezas; y el trabajo está ligado casi siempre a la agricultura.

La identidad matagalpa está vinculada con su historia de lucha y sus formas tradicionales y representativas del poder formal. En este sentido, cada comunidad dentro del pueblo indígena Matagalpa tiene representantes del gobierno indígena y consejos de ancianos. Su autoridad dentro del territorio viene representada por la posesión de “varas”, en función de las cuales las autoridades indígenas tienen la potestad de impartir justicia cuando los comunitarios lo demanden.

Las tradiciones están basadas en la cosmovisión indígena, sustentada en: una religiosidad, con base en el cristianismo; una agricultura de granos, como maíz y frijol; el aprovechamiento de la medicina tradicional; y la persistencia de los apellidos como base del parentesco indígena.

El aprovechamiento de la naturaleza implica la conservación de los bosques y los ríos, la cosecha de plantas medicinales y la presencia de actores que se encargan de cuidar la naturaleza.
Por ello, no es casualidad que siempre se esté rememorando el pasado, donde los indígenas matagalpas tenían más respeto por la naturaleza, las personas mayores y los bienes privados, así como un mayor apego a la cultura y la tradición, elemento que permite florecer la armonía, bloqueando la pérdida de la identidad.

Análisis comparado del buen vivir de los pueblos indígenas del Pacífico y del Centro y Norte de Nicaragua.

Evidentemente los pueblos Nahoa, Sutiaba, Chorotega y Matagalpa poseen una concepción de buen vivir adaptada a su realidad histórica, social, económica y cultural. Ella se muestra en las prácticas y la convivencia propias de sus vidas comunitarias, a partir de las cuales podemos identificar una serie de rasgos comunes y diferenciadores de la concepción del buen vivir en los cuatro pueblos estudiados, que agruparemos en cuatro aspectos: tierra; equidad; identidad y sostenibilidad.

Por lo que se refiere a la tierra, en todos los casos, ésta es considerada como base del sustento de los comunitarios y como esencial para la vida indígena y para conseguir un buen vivir. Tierra que está anclada a luchas históricas, reivindicaciones, destierros y administración efectiva de la misma. Para el pueblo Sutiaba el territorio representa el espacio compartido por las familias, en el que conviven, habitan y suplen sus necesidades básicas; para el pueblo Nahoa está estrechamente relacionado con el agua y su fluidez, y no tanto con las grandes extensiones de territorio que tienen otros pueblos indígenas; para el pueblo Chorotega a la tierra se le considera como “una Madre” y es en ella donde se encuentra la vida, la alimentación, el aire y los bosques; si se cuida la tierra, se cuida la vida chorotega; y, para el pueblo Matagalpa la tierra adquiere un valor patrimonial; además de ser fuente de riqueza, da fortaleza a la administración del territorio.

Los pueblos Nahoa y Matagalpa, presentan ciertas desventajas en torno al acceso a la tierra en comparación con los pueblos Sutiaba y Chorotega quienes poseen títulos reales y un reconocimiento tácito de los comunitarios sobre la misma, por tanto Nahoas y Matagalpa, tienen una clara percepción de la tierra y el territorio, sin embargo carecen en mayor o menos medida de una administración y reconocimiento formal de la posesión de la misma. Sin embargo, poseen claridad conceptual y práctica de que la tierra es su “mama” “La que les da de comer” “la que permite la existencia de los bosques y los seres vivos”; por tanto, cuidarla y acceder a ella es un elemento importante para vivir bien.

Por lo que se refiere a la equidad, es esencial tanto a nivel individual como a nivel faamiliar y en la comunidad, así como en el plano material (se comparte lo poco que se tiene), en el espiritual (prácticas ancestrales y/o religiosas), y en su relación con la naturaleza (respetándola nos respetamos, si la cuidamos nos cuidamos nosotros mismos). Para el pueblo Sutiaba el elemento que más contribuye a la equidad social quizás sea la existencia de tierras comunitarias, que permite la asignación del uso privativo de las mismas a los comunitarios. Para el pueblo Nahoa es importante que cada quien viva su individualidad como ser humano, pero que se apoyen unos a otros ante cualquier necesidad, ya sea derivada de fenómenos naturales o de pérdidas familiares; para el pueblo Chorotega está en los valores de servicio, amabilidad, cortesía y solidaridad con el vecino; y, para el pueblo Matagalpa las actitudes sencillas, como la disposición de servicio a la comunidad bajo la máxima de que “servir bien al vecino es vivir bien”.

El pueblo Sutiaba, por su característica urbana, ha sido objeto de quebrantamiento de lazos comunitarios, si bien persiste un fuerte arraigo étnico, los lazos individuales y colectivos, evidenciándose en acciones colectivas como las limpias de cementerios, o fajinas, la participación en actividades socio religiosas organizadas mayoritariamente por instituciones de orden religiosas. En el pueblo Sutiaba se entremezcla con el pueblo mestizo leonés, y de alguna manera se muestra fragmentado cuando sus lazos comunitarios se quieren extender hacia toda la colectividad. Los pueblos Nahoa, Chorotega y Matagalpa muestran mayor fortaleza en la práctica de valores individuales y colectivos que fortalecen la buena convivencia vecinal y comunitaria, aun cuando en sus territorios exista la presencia de mestizos conviviendo y compartiendo el espacio comunitario.

Por lo que refiere a la identidad, ésta se manifiesta en el arraigo al grupo étnico ancestral, en la práctica de sus costumbres y tradiciones, en el reconocimiento de sus autoridades formales y ancestrales, en el respeto a su territorio, en la historia de lucha en contra del Estado, de los “Terceros”, en la pertenencia al grupo familiar y al linaje indígena. Mantener la identidad y transferirla a las nuevas generaciones es un elemento primordial para el buen vivir. El pueblo Sutiaba ha dado mucha relevancia a la recuperación de la identidad, reivindicando incluso su derecho de autodeterminación como pueblo; el pueblo Nahoa se basa en el aislamiento que por mucho tiempo consiguieron mantener respecto de las poblaciones mestizas circundantes; para el pueblo Chorotega la identidad está supeditada al proceso histórico y cultural que se fue gestando en oposición al “otro”, al mestizo, al Estado y a las fuerzas externas e internas nacionales; y, para el pueblo Matagalpa está vinculada con su historia de lucha y sus formas tradicionales y representativas del poder formal.

Este arraigo a su ancestralidad está continuamente amenazado por la modernidad, siendo estos pueblos indígenas objeto de la aculturación llevada cabo por las instituciones sociales y del estado, o por los elementos externos traídos por los procesos de globalización, el turismo, las necesidades económicas. Elementos que les han identificado, como la lengua materna o la vestimenta, ya no subsisten en los territorios. La adscripción al linaje indígena y al territorio y el cuido de las costumbres, la práctica de tradiciones fortalecen la concepción de vida bonita o buen vivir. Los pueblos Nahoa y Sutiaba se ven reducidos territorialmente y eso amenaza a su identidad, al igual que el efecto del turismo sobre sus poblaciones así como las actividades cotidianas que alejan de la comunidad a los jóvenes. Los pueblos Chorotega y Matagalpa poseen un fuerte arraigo a la ruralidad por su lejanía a los centros urbanos, la existencia de escuelas e instituciones del estado es bastante temprana, el valor a las tradiciones y la existencia de estructuras de poder fortalecen aún más los elementos identitarios y el buen vivir en estos pueblos.

Por lo que refiere a la sostenibilidad, ésta está ligada al buen uso y goce de las tradiciones, la tierra y su territorio, al bosque, al respeto de sus formas organizativas y de liderazgo; por tanto, una completa sostenibilidad del buen vivir, pasa por el reconocimiento externo e interno de la existencia del pueblo indígena. Esta sostenibilidad se fortalece en la verdadera administración de sus recursos y del fortalecimiento de la identidad misma. De igual manera, la lucha por el cuido del bosque, la tierra y el territorio tiene una dimensión importante porque de este espacio social, cultural e históricamente depende la pervivencia del pueblo mismo. En el pueblo Sutiaba perviven algunos mitos y ritos que ayudan a los sutiabas a interactuar con la naturaleza; en el pueblo Nahoa cuidar a la naturaleza es tener garantizado los alimentos y el abrigo, y está asociado directamente a la conservación de la vida; para el pueblo Chorotega la sostenibilidad está en el uso adecuado de la tierra y el territorio y en los recursos naturales que en ella se encuentran; y, para el pueblo Matagalpa implica el respeto por la naturaleza.

Los pueblos Sutiaba y Nahoa se ven amenazados por el auge del turismo, la expropiación de tierras por externos, de igual manera el pueblo Matagalpa con el auge de monocultivo del café y hortalizas; y, el pueblo Chorotega por la explotación del bosque como elemento esencial de su territorio. Se defiende el medio ambiente porque én el están el agua, los bosques, el río, las lagunas y las playas que dan sustento, alimentación; y, por tanto, dan sostenibilidad a las formas de vida de los pueblos

Conclusiones

Los pueblos indígenas, tras cinco siglos de aculturación han sido despojados de su religión, de su lengua, sin embargo, persisten formas de administración de las tierras comunales, de sus formas de producción y de sus formas de organización.

La aculturación se manifiesta: en el desconocimiento de la lengua vernácula; en la evangelización y la reevangelización cristiana; en la normalización occidental de la educación escolar; en el negado proceso de reivindicación de sus tierras. Sin embargo la existencia, conocimiento, apropiación y control de sus territorios fortalece los procesos de desarrollo de prácticas arraigadas en sus costumbres que permiten interactuar a nivel individual y colectivo. No se niega la presencia de terceros o mestizos en estos territorios, tampoco se banaliza su presencia, se trabaja por un reconocimiento y respeto de sus tierras y territorios como base de su lucha ancestral.

Las distintas formas de solidaridad basadas en el respeto individual y colectivo fortalecen la vida en comunidad, el atender bien al vecino, compartir, colaborar, buscar la vida armoniosa y la equidad dentro de la comunidad son acciones de la cotidianeidad que se evidencian en la vida comunitaria, esta se muestra con mayor fortaleza en los territorios de arraigo rural, menos impactados por la urbanidad y modernidad, ahí estos lazos suelen ser más amplios y extensos, contrario a los pueblos que se muestran con más cercanía urbana donde estos lazos son tan efectivos pero su alcance se muestra al grupo vecinal cercano.

Aún así encontramos elementos que nos permiten hablar de un buen vivir en los pueblos indígenas de Nicaragua (Sutiaba, Nahoa, Chorotega y Matagalpa). La pervivencia de la identidad a pesar de procesos de aculturación en fuerte en los pueblos indígenas, el arraigo a la historia, lucha, tradiciones y costumbres subsiste con fortaleza, los pueblos y sus autoridades ancestrales se preocupan por mantener su identidad, identidad que los ancla hacia u pasado pre-colonial y los impulsa con orgullo hacia el futuro. Pervive la preocupación por las nuevas generaciones y el mantenimiento de las formas tradicionales, se reconoce el cambio que se ha generado a través del tiempo y que se muestra en el contínuum de la cotidianeidad comunitaria. La relación con la tierra-territorio y sus recursos naturales es de suma importancia, “existimos porque la tierra nos da de comer”, resume la importancia que se le da a la relación con la naturaleza y toda cuanta esta provee. Ella da sustento, y sostenibilidad al buen vivir de los pueblos.

En resumen, los pueblos Sutiaba, Nahoa, Chorotega y Matagalpa poseen una concepción de buen vivir adaptada a su realidad histórica, social, económica y cultural, en la que identificamos 4 aspectos más relevantes en las prácticas y la convivencia propias de sus vidas comunitarias: la tierra; la equidad; la identidad y la sostenibilidad.

Lic. Carlos Lenys Cruz Barrios
MSc. Marvin Villalta Orozco
UNAN – Managua
Proyecto FIUNANMUHU
Fotografía: Centro de Asistencia Legal a Pueblos Indígenas

Bibliografía

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